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JC Herrero

Hemos traicionado a nuestros mayores

Meter el “bichu” en casa

El 1 de abril de este año, apenas sobreponiéndonos al anuncio de la pandemia, el diario LA NUEVA ESPAÑA hacía público un artículo en el que adelantábamos la necesidad de rescatar de las residencias geriátricas a nuestros mayores, a los “otros”. Hasta ese uno de abril, el número total de fallecidos por coronavirus en Asturias no llegaba a setenta personas. Siete meses después la guerra continúa y nuestros mayores ya suponen más del cincuenta por ciento de las mil bajas que el enemigo nos causa, y aún nos sigue atacando sin piedad, pese a ello reconocemos no saber qué está pasando en nuestras residencias de mayores.

El rescate a nuestros mayores fue propuesto a la Delegación de Gobierno, por escrito, incluso a la Delegación de Defensa, esgrimiendo que era necesario sacarles de los geriátricos. Argumentábamos que en torno al setenta por ciento de mayores válidos podían regresar con sus parientes o familias de acogida previa supervisión con test PCR, ahora consolidados. Confirmada la negatividad PCR, bajo la tutela de la técnico auxiliar de enfermería de referencia en su geriátrico, orientar a las familias de acogida y asistirlas con los mismos principios de actuación de la atención sanitaria primaria a domicilio, en caso de necesidad puntual. Esta fórmula preservaría de los contagios y la vida de nuestros mayores aliviando la elevada carga de trabajo y riesgo de nuestras auxiliares de enfermería en las residencias.

Muchas familias –apuntábamos en el rogatorio a la máxima autoridad gubernamental en Asturias– acogerían en sus casas a una abuela, sabiendo de la solidaridad en tiempos de “guerra”, además de tener a una auxiliar de enfermería como tutora para orientar en aspectos básicos del cuidado y acompañamiento. Igual que se asigna una mensualidad por acoger a un menor, se facilitaría a las familias de acogida parte de la cuota que los ancianos pagan en sus respectivas residencias, además de facilitar el material necesario. No es un invento, es una necesidad en tiempos de “guerra”, y este anuncio se hizo cuando teníamos apenas setenta bajas, ahora son más de mil, y la mitad de ancianos de geriátricos. ¿Qué está sucediendo?

El personal sanitario de las residencias sí sabe que está sucediendo, pero no se le hace caso. A diferencia de aquellas enfermeras que aguardaban en la retaguardia a los heridos en combate, las cuidadoras de nuestros padres y abuelos libran la batalla mientras las balas silban ante sus sentidos, ya agotados porque los gestores de la pandemia no bajan a sus trincheras, cercenan su derecho a vacaciones y permisos e incluso se les niega equipos de protección integrales, mientras escarban en sus narices secándoles hasta el lacrimal.

¿A qué esperamos? ¿No delegamos en familias de acogida el cuidado de criaturas? ¿Por qué no ofrecer abuelos en acogida para salvar su vida?

La respuesta la dio una familia a la que se requirió recoger a su anciano: ¿Qué me queréis meter el “bichu” en casa? Sin comentarios.

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