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Pere Casan Clara

“Blow the Wind Southerly”

La ventilación para frente al contagio por aerosoles

Ventilen las habitaciones y de paso ventilen las mentes. Dejen que entre aire nuevo en cada lugar de trabajo, en las escuelas, en los talleres, en las oficinas, en las residencias de ancianos, en los hogares y en los bares. Abran las ventanas de par en par y consigan que

Pasaron varios años y el viento se hizo canción y derivó en protesta hacia la Dictadura. Esta vez fue Raimon (Xàtiva, 1940), quien tomando otras palabras: “Al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent...”, nos enseñó la importancia de dejar en el viento la esperanza del cambio. Pero era un viento unido, trabajado con el corazón y con las manos, con el esfuerzo colectivo. ¡Si éramos capaces de seguir la dirección del viento moveríamos lo que parecía interminable! A este autor la imagen del viento le venía de lejos. No en vano nos deleitaba con un viejo escrito de Ausiàs March (1400-1459), quien con su maravilloso texto “Veles e vents”, había convertido el canto en ceremonia obligada de sus recitales. (Veles e vents han mos desigs cumplir faent camins dubtosos per la mar…). Aunque se trata de un canto marinero de retorno a casa, donde espera el amor, se supone que correspondido, la letra nos sumerge en un recordatorio de los diferentes vientos que soplan en el Mediterráneo y narra la importancia de fiar el regreso de la barca a un buen viento de popa.

Velas y vientos que nos devuelvan la esperanza. En la situación actual, en la que nos guste o no, todo se hace comparable a una pelea desigual entre la humanidad y el SARS-CoV-2, valen todos los apoyos y aliados para erradicar el virus. Aunque hemos tardado varios meses en disponer de información contrastada, el contagio por aerosoles es ahora un elemento reconocido por diferentes autores y la necesidad de ventilar una obligación compartida. (Kevin P Fennelly. Lancet Respir Med 2020;8: 914–24). Un investigador español, el profesor José Luis Jiménez, de Zaragoza, pero actualmente en Colorado, es un ilustre destacado en el estudio de este tipo de transmisión (Z.Peng, JL.Jiménez. https://doi.org/10.1101/2020.09.09.20191676). Sus escritos y sus colaboraciones son seguidas puntualmente por los medios de comunicación y llama la atención la claridad de sus exposiciones. La palabra “ventilar” deberá acompañar nuestras acciones preventivas, tal como hemos aprendido con el uso de la mascarilla, la limpieza de las manos o la distancia social. Respirar al aire libre o hacer circular el aire para mantenerlo limpio, es el primero de los cuatro principios que debemos practicar en nuestro entorno.

Como intento transmitirles, el viento es un buen motivo de reflexión para lograr que el virus desaparezca. En Asturias predomina durante el invierno el viento del Suroeste, que nos obliga a mirar siempre el mapa del tiempo empezando por nuestros vecinos gallegos. En verano cambia la dirección y el viento del Noreste nos trae un clima fresco y claro, sin lluvias (es un decir…). Podríamos pedirle a un intenso viento Norte que no solo arrastrara la arena de las playas sino que se llevara contra las montañas a todos los virus que pululan entre nosotros. O al seco viento del Sur que se llevara mar adentro todos los RNA que vayan quedando sueltos. O mejor aún, brindemos una petición a Eolo para que soplen alternativamente y limpien nuestra atmósfera de este parásito que nunca debió llegar a ella.

Y si les queda un momento, relajen, busquen en “youtube” o entre su colección de discos antiguos, una maravillosa canción popular inglesa, procedente de la región noreste de la Isla, interpretada a capela por la contralto Kathleen Ferrier (1912-1953). Se titula “Blow the wind southerly”. (Sopla el viento del Sur, donde se encuentra el hermoso mar azul. Sopla, hermosa brisa, y tráeme a mi amado). Es una melodía exquisita y no les quedará más remedio que oírla varias veces, con los ojos cerrados y con la esperanza puesta en que este viento del Sur nos devuelva, no solo al ser amado, sino el triunfo sobre la pandemia.

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