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Manuel Gutiérrez Claverol

Un aluvión de anglicismos

La progresiva contaminación de nuestro idioma por términos ingleses

No sé si será que uno se va haciendo mayor o qué, pero cada vez me desagrada más el abuso de palabras y expresiones, a veces basadas en un repertorio técnico otras no tanto, que nos invaden en los medios de comunicación, haciendo normal lo impropio. En general la gente está hasta el gorro de escuchar o leer extranjerismos y no entender nada de nada, de modo que cunde una sensación creciente de que nos encontramos al borde de un analfabetismo filológico.

Bien es verdad que el español –la segunda lengua materna en el mundo– fue incorporando desde siempre barbarismos, alguno de los cuales se ha convertido en uso corriente. No cabe duda que algunas voces utilizadas con frecuencia son de origen árabe (aceite, almohada, azafrán, azúcar, algodón, ojalá…), francés (amateur, argot, autobús, boutique, chef, debut, garaje…), italiano (alerta, brillar, balcón, carroza, dúo, soneto…), portugués (almeja, buzo, carabela, menina…), alemán (blanco, brindis, delicatessen, leitmotiv, nazi, vals…), indígenas (barbacoa, cancha, cacique, cigarro, butaca…) o locuciones de otros países y regiones, entre ellas las de algunas comunidades autónomas.

Sin embargo, en la actualidad destaca sobremanera la influencia del inglés, que asedia no solo al español sino también a la mayoría de otros léxicos. ¿A qué es debida esa enorme injerencia del vocabulario anglosajón? Seguramente tiene mucho que ver con la etapa del colonialismo británico y la dominancia internacional de EE UU. Esos países fueron y son pioneros en varios campos científicos y técnicos, así como en la difusión de música cantada y en películas de cine. Por un lado, la publicidad comercial ha desplazado a nombres castellanos que cuentan con idénticas acepciones, otras veces nuestro lenguaje necesita adoptar, a modo de préstamo lingüístico, vocablos que surgen del mundo de la ciencia, técnica, arte, informática, o en el campo semántico de la moda.

La gente está hasta el gorro de leer extranjerismos y no entender nada, de modo que cunde una sensación creciente de que nos encontramos al borde de un analfabetismo filológico

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Numerosas palabras foráneas ya están incorporadas a nuestra forma de hablar o escribir, verbigracia: córner, fútbol, parking, penalti, stop, test,… Otras a base de repetirlas se hacen habituales incluso para aquéllos no doctos en inglés: aeróbic, camping, casting, copyright, chat, dumping, email, friki, lobby, look, marketing, selfi, táper, vip, web, wifi,... No obstante, en los últimos tiempos está apareciendo una caterva de términos que ya no son de tan fácil comprensión, veamos algunos ejemplos con su significado entre paréntesis: “blog” (sitio web que incluye contenidos de interés), “bluetooth” (transferencia de voz y datos entre dos dispositivos digitales), “brainstorming” (lluvia de ideas), “coach” (entrenador), “coliving” (compartir trabajo, vivienda u otras cosas por los residentes), “cool” (frío, bonito), “coworking” (trabajo compartido entre varios), “cracker” (pirata informático), “customer” (cliente), “ebook” (libro electrónico), “fashion” (moda), “feedback” (retroalimentación, respuesta que transmite un receptor al emisor en base a un mensaje), “hacker” (experto en informática), “hardware” (conjunto de aparatos de un ordenador), “influencer” (líder de opinión), “like” (me gusta, característica incorporada en redes sociales), “link” (enlace, conexión), “online” (conectado, en línea), “oversize” (demasiado grande), “podcast” (archivo de audio digital), “smartphone” (teléfono móvil de alta gama), “software” (programas informáticos), “spoiler” (revelar el final de algo), “sticker” (pegatina), “streaming” (transmisión en internet), “tips” (trucos), etc., etc.

También estamos invadidos por expresiones compuestas: “black friday” (viernes negro, tiempo en el que se hace descuento en las compras), “fair play” (juego limpio), “fake news” (noticias falsas), “happy hour” (hora feliz, estrategia comercial de los bares que ofrecen bebidas a precio más barato durante un lapso de tiempo), “take away” (para llevar, especialmente comida), “trending topic” (tendencia), etc.

La RAE recomienda evitar, en la medida de lo posible, el uso de anglicismos innecesarios, dado que no hace falta recurrir a ellos cuando exista el equivalente en español. En todo caso sugiere que de ser utilizadas se entrecomillen o se pongan en cursiva.

A pesar de haberme peleado con el inglés en mi vida profesional, quedo absorto ante la agobiante terminología shakespeariana que nos inunda a través de los medios escritos u orales que usan la lengua cervantina. Me pregunto, qué será de aquellas personas que no han estudiado ese idioma y se ven incapaces de interpretar parte del contenido tratado en la prensa y en las revistas.

Para finalizar, les deseo Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo, no caigamos en la tentación de decir “Merry Christmas and Happy New Year” aunque ya nos resulte muy familiar.

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