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Crítica / Música

Nanas y villancicos

Raquel Andueza luce retórica vocal

El cambio de fechas del Festival de Música Antigua se deja notar en los repertorios de los conciertos. Raquel Andueza confesaba el pasado sábado que el programa pensado para julio era “El baile perdido”, recogido en su último disco. Pero la cercanía de las fechas navideñas hacía más adecuado “El blando susurro”, conformado por nanas españolas e italianas del siglo XVII, muchas de ellas relacionadas con el nacimiento de Jesús. La soprano navarra estuvo acompañada por “La Galanía”, un conjunto instrumental barroco que arropó las melodías vocales y que pudo lucirse en las piezas instrumentales.

El repertorio interpretado tenía algo de exclusivo, porque varias de las canciones fueron rescatadas y arregladas por la propia Andueza. Sonaron obras mayoritariamente anónimas y con un aire popular que se percibía tanto en las melodías como en los ritmos, protagonistas durante todo el concierto con las percusiones de David Mayoral. Los empujes del compás ternario, las hemiolias y los abundantes tempos vivos no acabarían de encajar con lo que entendemos en la actualidad por una nana, pero sí se comprende en el marco de la alegría navideña que recogen muchas de las letras. De hecho, la letra manda en la concepción e interpretación de esta música, que debe apoyar el carácter y el mensaje del texto en todo momento. Las melodías de las canciones eran aparentemente sencillas, con frases breves y un perfil cadencial; sin embargo, en su interpretación son muchos los detalles técnicos que pueden pasar desapercibidos, porque el canto barroco no se entrega a los lucimientos belcantistas del romanticismo y precisa otra colocación de la voz para poder abordar los matices. Raquel Andueza dio una lección de retórica barroca, cuidando la dicción de cada palabra y aportando carácter a cada verso, con un efectivo tratamiento de los adornos en las cadencias. Todo acompañado de una gestualidad precisa que acompañaba la articulación de las frases y las transiciones dinámicas de la voz.

Destacó la interpretación de “El blando susurro”, de Sebastián Durón, por la belleza de la melodía, la forma de abordar las disonancias y los retardos en las cadencias. También “Vaya pues, rompiendo el ayre“, del mismo compositor, una jácara navideña cargada de afectos y recursos retóricos que cerró el programa del concierto. Entre las piezas instrumentales sorprendió la interpretación de un pasacalles anónimo por los deliberados cromatismos disonantes en la melodía del violín. Fue un concierto ameno, bien conducido por las explicaciones de Andueza en las presentaciones de las piezas y variado en el aire del repertorio, con momentos de alborozo y otros de sosiego, como el final de la nana “Stava in rozza cappanella“ que la soprano apagó a boca cerrada. La ovación final dio pie a la propina, con una danza de su último trabajo, “El baile perdido”; un cambio de tercio que puso el colofón al recital.

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