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Semíramis González

¿A qué persona se refieren?

Reflexión sobre la igualdad de género a partir del caso de Pablo Neruda

En la conferencia que la escritora Laura Freixas impartía en CaixaForum en marzo de 2019, a propósito de la vida y obra de Pablo Neruda, la autora llegaba a varias conclusiones interesantes que parece que no pasan de moda y salen, de cuando en cuando, al debate público sobre determinados sujetos “geniales”. Por un lado, cuando a estos “genios” les permitimos ciertas licencias en sus comportamientos (que además suelen ser actos delictivos y que muchas veces implican violencia contra las mujeres) estamos transmitiendo que si el grande puede hacerlo, también puede hacerlo el mediano y el pequeño. Los hombres que son ejemplos para otros y tienen esa dimensión pública, sirven de referente de comportamiento tanto en lo bueno como en lo malo.

Por otro lado, de cuando en cuando oímos eso de “no importa la persona” y, como Freixas pregunta con Neruda, ¿a qué persona se refieren? Porque cuando vemos imágenes de esos supuestos grandes hombres golpeando a mujeres, en fotos con menores en situación de prostitución, acusados de violencia sexual… ¿qué pasa con la otra persona? Cuando se pide “separar a la persona de su obra” lo que estamos pidiendo es, en el fondo, silencio a las víctimas, que unas aguanten la violencia para que otros sean recordados como semidioses. Nada más alejado de un valor democrático que situar a unos por encima de las otras en sus responsabilidades y comportamientos. Porque si esos hombres iconos (socializados en la masculinidad patriarcal) son referente para los otros, estamos transmitiendo que el abuso es perdonable también por su “grandeza”, que el silencio de las víctimas debe mantenerse para que otros sean recordados como héroes.

Dice el escritor Octavio Salazar que en estos modelos de “genios” lo que subyace es una forma única de “ser hombre”, a menudo vinculada a la desigualdad y a la violencia. Desde el feminismo se cuestiona la idea misma de genialidad por lo que de “sobrehumano” tiene, por esa capacidad de absolver a determinadas figuras sólo por cómo escriben, pintan o juegan al fútbol.

Cada vez son más los hombres que rechazan estas categorías y que denuncian una socialización que les impone un único modelo de masculinidad. Cada vez son más los que cuestionan estas figuras icónicas patriarcales y se comprometen con la igualdad de género. Ojalá muchos más… porque cuando pensamos que el buen hacer en el deporte, el arte o la escritura son algo ajeno a “la persona” lo que estamos es priorizando al victimario sobre la víctima, invitando a la impunidad e ignorando a quienes estos comportamientos sí han marcado su vida.

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