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Fernando Monreal

Mi deseo para la Navidad de 2020

Unas entrañables fiestas en medio de la pandemia

Cuenta la leyenda que, el buey, compadeciéndose del frío que pasaba el Niño recién nacido, le calentaba con su aliento; mientras, la egoísta mula se comía la paja que le hacía de cuna. Como castigo divino, la mula se convirtió, a partir de entonces, en un animal estéril. Pero, y nosotros, ¿permitiremos que sea estéril esta Navidad?

Partiendo de que ciertas autoridades no dejan de repetirnos que tenemos que encontrarnos con la “nueva normalidad”, que tenemos que salvar la Navidad, no puedo por menos, querido lector, que expresar en voz alta algunas reflexiones que me asaltan, como por ejemplo:

a) ¿Qué Navidad van a disfrutar las familias de todos los fallecidos por la pandemia que nos tiene atenazados y que ha contribuido a secuestrar nuestras libertades?

b) ¿Qué Navidad van a disfrutar todas las personas ingresadas en los hospitales, junto a sus familiares más allegados?

c) ¿Qué Navidad van a disfrutar los ingresados en centros geriátricos, quienes no van a poder reunirse con los suyos por miedo a contagiarse o a contagiar a sus compañeros de regreso a sus respectivos centros?

d) ¿Qué Navidad van a disfrutar todas las personas que se encuentran en el paro o en ERTE?

e) ¿Qué Navidad van a disfrutar esos profesionales autónomos que ven peligrar sus empresas, su trabajo (junto a sus trabajadores), sus ilusiones, mientras mensualmente tienen que hacer frente a todo tipo de gastos e impuestos y ven que el cierre está cada vez más próximo? Porque, como le pregunta Ebenezer Scrooge a su sobrino Fred, en “Canción de Navidad”, de Charles Dickens, “¿Qué motivos tienes para ser feliz? Eres bastante pobre”…

No, querido lector, esta Navidad no será “normal”. Esta Navidad será diferente, extraña, distante… Los hay (demasiados, diría yo) que están deseando que nuestra Navidad sea puramente mercantil (lo vienen logrando desde hace unos años), haciendo perder el verdadero sentido de lo que es la Navidad, de lo que representa, de lo que nos enseñaron nuestros ancestros, lo que dejaron plasmadas nuestras tradiciones.

El espíritu entrañable y noble del sentido de la Navidad se ha querido sustituir por la orgía consumista que, hasta los gobiernos tildados de izquierdas fomentan y estimulan. ¿Acaso es esta la Navidad que tenemos y queremos salvar?

Yo, estimado y respetado lector, digo que tenemos que vivir la Navidad que llevamos dentro, no la que algunos machaconamente se obstinan en querernos imponer. Pretendo vivir la Navidad que razonablemente me permita la situación sanitaria que estamos atravesando, siempre con el respeto máximo por quienes me rodeen. Acordarme de todos aquellos que nos dejaron por el camino y de los que actualmente están sufriendo una crisis, tanto de salud física como espiritual. Una Navidad distinta, que nunca será “normal”, pero que me permita a mí y a mis allegados una Paz interior. Esa es la Navidad que, también le deseo a usted.

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