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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

El Rey necesita una ley

Los monárquicos pueden estar tranquilos. Unidas Podemos tiene una propuesta de Ley de la Corona y trata de la transparencia de la institución y de las funciones del Rey, no es una continuación de la ley de la eutanasia. El PSOE también tiene ley de la Corona para una monarquía adaptada al siglo XXI. ¿Qué es una monarquía adaptada al siglo XXI? La monarquía es una institución antigua y aún no sabemos cómo es el siglo nuevo porque no para de cambiar: se levanta terrorista musulmán y baja dos torres del capitalismo, se vuelve estafador a través de las instituciones a las que confiamos el dinero, la democracia se llena de líderes fascistizantes y mientras nos estamos abrazando, aterrados por la centuria, nos contagiamos de una peste inédita.

Se recortará la inviolabilidad del Rey, que fue hecha para que no pudiera ser violado y fue utilizada para violar impunemente. Hay monárquicos a los que esto les parece bien, o mejor que bien: les parece normal. ¡Qué gente! El Gobierno de izquierdas quiere corona y que tenga una ley y el PP se muestra de acuerdo si la refuerza, lo que reconoce lo redébil que está.

La monarquía es como esas películas que resultan peores cuando las piensas que cuando las ves, cuando hablas de ellas que cuando las olvidas. Ahora mismo está reforzada por las audiencias televisivas. El mensaje navideño que emiten decenas de canales televisivos simultáneamente lo siguieron 10,7 millones de personas por oír qué decía el Rey de su padre. Felipe VI habló en estilo de discurso real, que siempre traiciona la expectativa de emoción. ¿Alguien esperaba un ¡Sálvame! ese reflejo inverso del “Esta es su vida”? La subida de audiencia es un dato importante para el monarca casado con la presentadora de telediarios y para esa familia que tiene ejemplares tan singulares y circunstancias tan penosas que están como para entrar en plató con Jorge Javier. Abolida la ley del secretismo de la Corona tendrán que articular la ley de la discreción de la Corona que funcione por la prudencia de sus miembros, no por el silencio de sus lacayos.

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