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José Manuel Ponte

Abundancia de reyes

El éxito de audiencia de la comparecencia de Felipe VI

Por misteriosas razones, que algunos sociólogos nos han de aclarar, el mensaje navideño de Felipe VI estuvo precedido de una enorme expectación. Tanta que congregó a 11,7 millones de personas. Una cantidad nunca vista. Normalmente, estos mensajes son una retahíla bastante aburrida de tópicos bienintencionados cuyo mayor mérito reside en tocar todos los temas sin profundizar en ninguno para no levantar pasiones.

La diferencia entre el mensaje de un año y el siguiente suele estar en la decoración, un rincón del despacho del jefe del Estado. Unas veces el monarca se sienta detrás de la mesa y otras delante. El color del traje, de la camisa y de la corbata suelen variar ligeramente, casi siempre en tonos grises. Tampoco admiten muchos cambios las insignias de la solapa, y los cuadritos de plata con las fotos de la intimidad familiar. Últimamente, la novedad mas sensacional fue la barba de Felipe VI. Su padre comparecía bien rasurado, incluso cuando la papada le desbordaba el cuello. El general Franco, que en definitiva fue el que volvió a sentar a los Borbones en el trono, tenía un discurso adormecedor no exento de soterradas amenazas. “Un año más vuelvo a entrar en vuestros hogares”, decía con su vocecilla (¿y quien era el guapo que se lo negaba sobre todo si iba acompañado de una pareja de la Guardia Civil?).

Lo cierto es que este año la intuición popular había venteado indicios de revelaciones sensacionales. El que esto escribe ha oído toda clase de desafueros por los cafés. Desde una crisis en la real pareja, hasta un súbito advenimiento de la República al estilo del protagonizó su tatarabuelo Alfonso XIII en abril de 1931. Eso y muchas cosas más, que acabaron dando paso al aburrido mensaje de siempre.

Se discute en algunos foros si no habrá llegado el momento de entretenernos con el dilema institucional de si es mejor el sistema monárquico que el republicano. Desde mi particular punto de vista es muchísimo mas racional la segunda opción pero me temo que la Historia nos demuestra lo contrario. Veamos. Sin remontarnos a los tartesios ni a los 33 reyes visigodos, durante la llamada Reconquista hubo 12 reyes en Asturias, 17 en León, 5 en Galicia, entre propios y compartidos, 31 en Navarra, 20 en Aragón, 9 condes de rango equivalente en Cataluña y otros 22 en Castilla antes del impulso unificador de los Reyes Católicos. Igual de prolíficos fueron los del bando musulmán donde se dio el caso de los minúsculos reinos de Taifas. Después contamos 5 reyes de la casa de Austria y 10 de la casa de Borbón y, entre unos y otros, estuvieron el hermano de Napoleón, Pepe Botella, y Amadeo de Saboya hasta desembocar en la Restauración del linaje francés por el general Franco. Todo esto sin contar los 4 reyes de la baraja y el Rey de las tartas de Mondoñedo. Mas vocación monárquica no cabe.

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