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Tino Pertierra

Solo será un minuto

Tino Pertierra

Los paréntesis son tóxicos

Laura: “Capítulo primero de mi libro sobre desastres conyugales que podrían ser míos, y tal vez lo sean. O tal vez no. Me casé muy, pero muy enamorada de Luis, un hombre que en asuntos de amor jugaba a las raudas damas y no al reflexivo ajedrez. Y mis necesidades lo sacaban a menudo de sus casillas. Prefirió tumbar la pieza y considerarse vencido a luchar por la partida. Yo tampoco me esmeré mucho para continuarla porque había conocido a Sergio en el trabajo (capítulo 2), y confieso que me hacía más ilusión ir a la oficina que volver a casa. En fin, así es la vida. Tampoco es que me fuera muy bien con mi amante. La carretera de mis sentimientos estaba demasiado resbaladiza, derrapé y comprendí que había cambiado un marido por un quitamiedos. Después de la reparadora catástrofe que supuso el divorcio (capítulo 3), mi mayor deseo es que mi exmarido estuviera bien, pero no por él sino para sentirme bien yo. Sí, lo sé, me guiaba el egoísmo más que la preocupación, pero qué quieres que te diga, tras el fiasco de matrimonio y la chapuza de mi aventura con un compañero lo que me pedía el cuerpo era tranquilidad y... ¿tedio?

Llegó el día (capítulo 4) en que olvidé a qué saben los besos que nunca se olvidan. Y una noche, tras salir de copas con unas amigas y conocer a un periodista pulpo, llegué a casa tan deprimida que me puso a bailar sola como una loca. No te atrevas a reírte de mí. Ni a compadecerme. Bailé y aquella danza fue como una declaración airosa de principios, o airada de finales. Decidí: nunca más volvería a ser un simple paréntesis en la vida de alguien. Nada de autoengaño compasivo para terminar vendida al mejor impostor. Mi próximo capítulo solo aceptará hombres que no den pistas. Resbaladizos. No hay prisa: adoro abrazar la soledad”.

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