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Con un solemne corte de manga y peinetas a miles le hemos dado una patada en el culo al 2020. ¡Ufff! Respiremos tranquilos. Después de la tempestad viene la calma, dice el refranero. Y pocas veces se equivoca. Menos en esta ocasión. A bombo y platillos entra el 2021, y a torta limpia y estacazos entran las tropas fascistas de Trump en el Congreso de EEUU con la bandera confederada al hombro, la que anima a matar o esclavizar a los negros. Los más aguerridos cubiertos con pieles de bisonte y cuernos en la cabeza para embestir la legendaria y sacrosanta democracia y arrojarla al cubo de la basura. Lo consiguieron. Ya nada será igual. Se restablecerá el orden. Pero sabemos que ellos están ahí. Y están rabiosos como jabalíes con una guindilla en el culo.

Y seguimos con la entrada del 2021. En un ámbito más doméstico, no por ello menos terrible, vimos, aún sigo con náuseas, en un informativo la paliza propiciada, al estilo de las pelis de la mafia, a un rapacín autista de no más de trece años con el fin de robarle y grabarlo en el móvil. Advierte Piqueras a la audiencia, las imágenes pueden herir sensibilidades, y no lo decía en balde. El autista solo y arrinconado contra la ira y el odio de varios adolescentes. Le arrebatan la camiseta mientras le atizan puñetazos de verdad en la cara, unos por un lado y otras por el otro, sí, y cuando cae al suelo, entonces turno de las patadas en el vientre, la cara, en todo el cuerpo, insisto, los matones de la mafia se quedan cortos. Medio desnudo y con la muerte en los talones, el autista ve un hueco y huye, busca refugio. Risas y cierre de la retrasmisión.

Después de estas imágenes, no hay hijo de madre que duerma. Eso sí, le doy vueltas. Y pienso que lo que vi es lo que no quiero ver en la vida diaria. Por ejemplo, el niño autista representaría a los miles de niños víctimas de las guerras eternas. Los agresores son las grandes potencias que fabrican armas, las distribuyen y las ponen en funcionamiento. Los espectadores de la ignominia somos la masa media enferma de hipocresía aguda e indiferencia absoluta que, de momento, vivimos del lado de acá. El que graba las escenas no es otro que el cámara de cualquier canal televisivo que se busca la vida. ¿A dónde va el autista? Buscará refugio, se echará al mar en busca de un mundo mejor, si no se ahoga, en vez de paraíso encontrará el infierno. Un refugio para desheredados donde se ceba el hambre, los piojos y la violación permanente de los derechos humanos.

Con las bestias que cornean la democracia y la paliza al autista comienza el 2021. Suerte, amigos.

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