Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

José Manuel Ponte

Palas para aventar la nieve

Sobre la tormenta “Filomena” y la “nieve de Morcín”

La descomunal nevada que cayó sobre Madrid y territorios adyacentes, hasta el punto de paralizar toda clase de actividades, sirvió nuevamente de pretexto para reproducir el indecente espectáculo de unos políticos reprochando a otros políticos no haber previsto las consecuencias ni tomado medidas para paliar sus efectos. Todos los años

Esta vez, para desgracia nuestra, la tormenta de nieve y hielo bautizada como “Filomena” descargó inicialmente toda su potencia sobre Madrid. Una circunstancia que, unida a su condición de capital del Reino y de la comunidad autónoma, municipio más populoso del Estado, kilómetro cero de su estructura radial, y “rompeolas de todas las Españas”, como la describió Ortega y Gasset, tuvo un efecto mediático multiplicador. Cualquier cosa valía para lanzar sobre el oponente.

El PP creyó encontrar un argumento definitivo sobre la inconsistencia intelectual de Pedro Sánchez al descubrir que se había calzado unos ligeros zapatos castellanos para transitar sobre la nieve. Una imagen inmediatamente replicada por el PSOE con otra de Casado dejándose fotografiar espabilando la nieve de la acera con una pala. La abundancia de palas que utilizaba la gente para abrirse paso maravilló a los locutores de algunas cadenas de televisión. “¿Pero de dónde han salido tantas palas? –se interrogaba uno de ellos–. ¿Quién podría imaginar que los propietarios de pisos del centro de la ciudad tuviesen guardadas unas palas como las que usan los obreros para cavar zanjas?”. Pues no sé de qué se extrañan.

En los años en que viví en un octavo con terraza enfrente del parque de San Francisco en Oviedo, yo tenía una pala para despejar la nieve que caía del tejado. Eran aquellos años en que nevaba habitualmente a partir del otoño y la cercana sierra del Aramo permanecía pintada de blanco hasta bien avanzada la primavera. Un espectáculo precioso, el de “la nieve de Morcín” (como le llamaba el fraile gallego Padre Feijoo) del que gozábamos los espíritus sensibles a la belleza tuviéramos pala o no. El cambio climático ha arruinado aquella bendita costumbre y la nieve ya no se deja ver con la frecuencia que conocimos. Aunque eso no impide que muchos ciudadanos guarden en casa las palas por si acaso vuelven aquellos años de abundancia de nieves y de bienes que tanto nos gustaban.

Y ya puestos a abrirnos paso en la memoria, eché en falta dos recuerdos históricos sobre el frío extremo. Uno está relacionado con la batalla de Teruel durante la guerra civil española cuando se desplomaron súbitamente los termómetros y muchos combatientes, mal vestidos y peor calzados, murieron congelados. El otro, más alegre, tiene que ver con la estupenda película “Historias de la radio”, en uno de cuyos episodios el personaje que interpretaba Pepe Isbert tenía que acudir disfrazado de esquimal a un concurso convocado por una emisora de radio. Él era un modesto inventor que necesitaba dinero para patentarlo. La ciencia en España siempre estuvo en precario.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats