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Vicente Montes

Bálsamo urgente

El aumento de casos en la tercera ola apremia la aprobación de las ayudas a los sectores con restricciones

La semana se cierra asomándonos al abismo de esta tercera ola que arremete con fuerza y de manera sincronizada al conjunto del país. Los próximos siete días seguirán marcados por la pandemia en su doble vertiente: la sanitaria y la económica.

El Gobierno regional ha activado su nivel “4 Plus” de manera un tanto azarosa. Primero, con una mala estrategia de comunicación (una decisión tan relevante debió ser anunciada en rueda de prensa por el consejero de Sanidad, con documentación detallada que despejase cualquier duda). Segundo, la aplicación de un modelo que establece un “corte” en cierto nivel de casos siempre sufre desajustes si se inicia en mitad de la ola, aunque al final las matemáticas acaban imponiéndose a casuísticas específicas o demoras en el servicio de los datos, porque el sistema se basa en incidencias que se acumulan durante 14 días. Es cierto que todo eso debió estar previsto o, cuando menos, advertido.

Al margen de eso, el propósito del plan “4 Plus” del Gobierno regional parece acertado: busca focalizar las medidas en aquellos territorios en los que la incidencia se dispara, en especial la de casos entre mayores de 65 años, y constituye un muro de contención para frenar el avance del virus en el colectivo de las personas de más edad. Es ahí donde es mayor el porcentaje de enfermos que terminan hospitalizados, en la UCI o, desgraciadamente, fallecen.

Además, la adopción de medidas locales intenta minimizar el impacto en los sectores que habitualmente padecen las restricciones. Hasta ahora, el Gobierno solía adoptar decisiones que afectaban a todo el territorio asturiano, penalizando a los empresarios de aquellos concejos con menor incidencia. Ojo, eso no quiere decir que, de empeorar las cosas, no terminen tomándose así.

Al Gobierno le ha costado sacar la pata de donde la metió en su momento al afirmar que los cierres perimetrales que se efectuaron en la segunda ola “no habían sido tan eficaces como se pensaba”. No lo fueron por sus propias características, pero resultó casi instantáneo que calase en el imaginario público la idea de que cerrar los accesos a un territorio “no sirve”. El aislamiento de las zonas con alto número de contagios ha sido la medida más aplicada a lo largo de la historia de la humanidad. Otra cosa es que, si se trata de grandes poblaciones y con gran movilidad autorizada, a la postre lo que se consigue es que haya menos contagios fuera, pero el virus campa a sus anchas dentro de los límites de los concejos afectados. De ahí que el cierre perimetral deba ir acompañado, necesariamente, de restricciones que limiten los encuentros sociales e intensifiquen el celo ciudadano para evitar contagios.

El gobierno regional ha estado, pues, más que atareado en deshacer malentendidos y combatir la sensación de aleatoriedad causada por la falta de claridad a la hora de definir su nuevo sistema de contención “4 plus”. Las lecturas localistas, fuera de lugar cuando se trata de combatir un problema global, se han alimentado de todas esas imprecisiones.

Pero lo que ha quedado claro es que los errores de comunicación no invalidan la necesidad de aplicar medidas preventivas. La cifra de contagios de los últimos días echa por tierra previsiones y hace temer que la propagación del virus vaya a ser más explosiva de lo esperado. De ser así, con las comunidades ya agotando las medidas de contención que les permite el estado de alarma, el Ministerio de Sanidad tendrá que volver a analizar peticiones de confinamiento. Tendríamos entonces la sensación de que habría sido mejor haber aplicado restricciones globales y severas durante un tiempo corto que enfrentar un largo periodo hasta que la montaña de contagios descienda.

Cansados ya de repetir estos episodios, la única solución paliativa (vendrá una cuarta ola, sentiremos el déja-vù nuevamente) es establecer un sistema eficaz de ayudas para los sectores que padecen las restricciones.

En Asturias, el fondo de compensación de 100 millones incluido en el Presupuesto está aún lejos de arrancar de manera eficaz. Esa demora no hará más que elevar la tensión política: el PP señalará hasta la extenuación cada día de retraso haciendo cómplices de ello a los partidos que respaldaron las cuentas con el PSOE (Ciudadanos, Podemos, IU y Foro). Ese frente presupuestario probablemente se resquebraje si se alargan los plazos; el gobierno del socialista Adrián Barbón puede perder apoyos si no acelera en la gestión de esas ayudas.

Hay otro aspecto que va camino de enquistarse: la confrontación entre el Gobierno, la patronal hostelera OTEA y gran parte de los hosteleros. Hay ahí muchos matices en la letra pequeña, pero el diálogo del que hace gala el Presidente apenas se ha producido con este sector. Y alguna de las tensiones deben suavizarse con puentes tendidos para informar, explicar y discutir.

En todo caso, la única medicina económica es la de las ayudas. Y la sanitaria, la acción preventiva, aunque duela. Eso sí, todo médico sabe que explicarse ante el paciente, aunque la dolencia sea grave, es una obligación ineludible.

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