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Antonio Arias Rodríguez

Libertades, instituciones y pandemias

Los países de tradición democrática sufren el azote de la pandemia con mayor virulencia que los regímenes totalitarios

Libertades, instituciones y pandemias

Libertades, instituciones y pandemias

Algunas de las escenas iniciales de la película “Enemigo a las puertas” (2001) me parecen sublimes. Docenas de lanchas atestadas de soldados soviéticos intentan cruzar el río Volga hacia la asediada Stalingrado. Desde el aire, aviones alemanes les ametrallan sin cesar. Un capitán en la barcaza ordena seguir adelante y, cuando algún soldado se tira al agua para sobrevivir, el oficial le tirotea a bocajarro para intimidar a los restantes reclutas. Difícil elección: morir a manos del jefe o del enemigo.

Muchos historiadores sostienen que sólo la maquinaria autoritaria de Stalin (¡ni un paso atrás!) pudo detener allí la invasión del ignominioso ejército de Hitler. China parece haber derrotado al coronavirus con un modelo de gobernanza estricto. Ni opinión pública ni oposición política que valga. Meten las excavadoras y resuelto. O tanques como en Tiananmen. Cabe preguntarse cuánto despotismo esconderá esa victoria. ¿El fin justifica los medios? Allí, para empezar, confinan dos semanas al llegar del extranjero (y otras dos en el destino) y ¡ay de ti como trates de escaquearte!

En las democracias occidentales, estas respuestas públicas desafían unas libertades conquistadas con el esfuerzo de generaciones, que disfruta una ciudadanía siempre crítica con la autoridad de cualquier signo político. Quizá eso explica que aquellos países donde importa el Estado de Derecho, con cultura de la legalidad y la tolerancia, estén sufriendo más en la lucha contra las infecciones de la pandemia.

El ejercicio de los derechos de reunión o circulación son un ejemplo. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, formulaba el pasado domingo su escepticismo sobre el “pasaporte de vacunación” en la Unión Europea (UE). Junto a problemas de oportunidad surgen cuestiones esenciales para la protección de la privacidad de los datos o de los derechos humanos que se enredan en un debate jurídico complejo ¿Por qué no para ir al futbol, al campus o para optar a un trabajo?

La idea es que los viajes por la UE solo sean posibles para las personas que hayan recibido la vacuna. Un aspecto que interesa a España para tener este verano turistas seguros con certificado digital. Ya hay empresas tecnológicas trabajando en esos aspectos de verificación para evitar su falsificación y así favorecer la movilidad internacional ¿Nacerá una nueva aristocracia de “vacunados certificados”?

Además, los regímenes democráticos continentales incluyen varios niveles de gobierno y un equilibrio entre los diversos poderes territoriales: local, regional, nacional y europeo. Estamos viendo distintas formas de enfrentar la emergencia sanitaria y podemos comparar los resultados. La descentralización ha demostrado su principal virtud, estar cerca de los problemas, pero también tiene sus detractores.

No son pocos los estudiosos fuera del ámbito de la salud que han profundizado con más o menos tino en la cuestión de la “gobernanza multinivel” frente a la pandemia. Así, el jurista y rector salmantino, Ricardo Rivero, en un artículo de la Revista Vasca de Administración Pública, entiende que la crisis covid-19 ha puesto en evidencia las debilidades de nuestro sistema institucional para reaccionar con eficacia.

En su opinión, la tardanza de la respuesta europea pone de manifiesto la incapacidad de anticipación institucional: “Si España hubiera limitado la movilidad con Italia, suspendido los vuelos y evitado varios eventos deportivos con equipos de ambos países, hubiera neutralizado una de las principales vías de entrada y contagio (..) Una Europa unida parece impedir que cualquier Estado miembro adopte medidas unilaterales de este tipo, aunque tal criterio ha saltado por los aires en el verano cuando tantos gobiernos europeos han desaconsejado viajar a España, por nuestras cifras de contagio”.

Estos meses estamos aprendiendo algunas lecciones amargas pero útiles. Los países desarrollados no gestionaron la crisis tan bien como se esperaba, mientras que naciones más pobres, pobladas y vulnerables superaron las expectativas. La diferencia plantea cuestiones importantes no solo sobre la gestión sanitaria, sino también sobre la gobernanza en las democracias más grandes y antiguas del mundo ¿Por qué fracasan Estados Unidos y el Reino Unido cuya curva de muertes no se aplana?

No se trata de señalar con inquina ni buscar culpables por no atajarla, o por la gestión en los sucesivos valles y olas acontecidos, sino de evitar una generalizada “desresponsabilización multinivel” de la se discute muchos estos días. Aunque quizá deberíamos preguntarnos si el foco de culpabilidad debería situarse en todos nosotros, la propia ciudadanía, entendida como grupo que comparte hábitos culturales, estilo de vida, disciplina, respeto y orden ante las restricciones sanitarias.

No deja de sorprender que en España, después de nueve meses de convivencia con el coronavirus, no logramos frenar la montaña rusa en que se ha convertido el covid-19 ¿Tendrá que ver nuestro sistema educativo situado en el vergonzoso puesto 38 del mundo, tras Indonesia? ¿Será que los ciudadanos no conseguimos interiorizar el problema, sobre todo los más jóvenes, y disciplinarnos voluntariamente sin necesidad de órdenes y restricciones públicas?

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