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Esteban Greciet

Clave de sol

Esteban Greciet

Juan Luis Ruiz de la Peña en la memoria

Apunte sobre una vida apresurada

Que el simple paso del tiempo haga caer en el olvido hechos destacados y nombres relevantes que dejaron huellas positivas en la sociedad parece injusto. No es del todo el caso de Juan Luis Ruiz de la Peña y su familia, ligados siempre a la cultura en Asturias. Pero sí que merece evocación su apresurado paso por la vida.

La historia, la filosofía, la música, la literatura, el derecho, la espiritualidad, la investigación y aún la docencia, la filología y el asturianismo son ámbitos en los que los hermanos Juan Luis, Juan Ignacio y el hoy superviviente Álvaro que, junto con su padre, profesor, compositor y músico, hicieron sensibles aportaciones a la vida social y cultural.

Viene esto a propósito de los veinticinco años, que se cumplirán este año, de la temprana muerte de Juan Luis. Teólogo de fuste internacional. Católico, sabio, sacerdote, liberal, doctor en Derecho, premio de licenciatura, filósofo, profesor, historiador, autor de libros, medievalista, músico, y por ahí seguido. Murió en Oviedo en 1996 sin cumplir, creo, los sesenta años. Poco antes, LA NUEVA ESPAÑA publicaba una larga entrevista sin desperdicio.

Asturianista, aficionado al fútbol y con enorme sentido del humor desde los viejos tiempos de los Junior de la Acción Católica en la parroquia ovetense de San Juan con el determinante consiliario, hoy superviviente en Avilés, don Ángel Garralda.

La biografía de Juan Luis está apretada de acontecimientos en España y en Roma. No es intención de quien escribe desgranar su brillante e intensa biografía. Entre sus primeros quehaceres de joven cura estuvo una comisión para el entonces recién creado semanario “Esta Hora”, principios de los años sesenta, muy relacionada con el Concilio. Publicación muy crítica e incisiva incluso con el régimen franquista: su primer número fue secuestrado por la censura oficial.

Tiene interés recordar la curiosa composición de su redacción que se trató de hacer mitad conservadora y mitad aproximadamente “progre”. La parte de izquierdas, para entendernos, estaba formada por el profesor Víctor García de la Concha, el popular escritor y clérigo José Luis Martín Vigil y el propio Juan Luis Ruiz de la Peña, entonces jovencísimo profesor del Seminario de Oviedo y ya prometedor intelectual con una brillante carrera por delante.

La derecha se trataba de representar con otros tres pesos pesados como Eliseo Gallo, culto y elegante magistral de la Catedral, y los curas párrocos de pueblos don Dimas Camporro y don Custodio Álvarez. Todos, pesos pesados de la hora, cuya reunión semanal era todo un festín de ingenio y de cultura.

Vayan estas líneas en recuerdo y homenaje a un amigo admirable y a una familia que, como queda apuntado, ha dejado profunda huella en la cultura asturiana y española.

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