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Carlos Fernández

Las curvy

El acierto de contratar modelos “sanas y curiosas”

La hora de comer la usamos en casa para discutir, como toda familia bien avenida. A veces llegamos a conclusiones. Como no queremos hablar del virus, por supuesto, ni del divertido papel que hacen nuestros representantes políticos –del partido que sean– con el bombardeo idiota de que los contrarios son un horror, lo que no se cree nadie pues todo el culo se les ve, el sábado, mientras disfrutábamos de unos “Spaghetti alla puttanesca” –estamos en casa en las “Jornadas de la pasta”–, surgió el tema de unas críticas ante la campaña comercial de una conocida empresa de confección textil que ha decidido utilizar modelos de constitución más fuerte que las habituales ruinuques.

Siempre me llamó la atención la enfermiza delgadez de las modelos, lo que consiguen a base de fame, de ahí su seriedad de carabineros. ¿Por qué las eligen tan escuchimizadas, tan distantes de la media, cuando el sentido común apuntaría a fabricar productos que encajen con las necesidades reales del mercado? Un misterio. Porque además esa costumbre tiene efectos serios sobre la salud de muchas mujeres –carencias alimentarias en el afán de “entrar” en tallas de ropa ínfimas, y enfados, depresiones y derivados al no lograrlo, pues es un deseo contranatura. Algo, y esto ya es serio, que influye en la convivencia familiar. Y la delgadez extrema es tan dañina como el sobrepeso mórbido. Y hay más, confesemos de una vez, señores varones, lo que decimos en el chigre: salvo a algún raru, a todos nos gustan las rapazas que tengan donde agarrar. Por eso la decisión de contratar, por fin, modelos sanas, curioses, es un acierto pleno, una fuente de goce y celebración desde todos los ámbitos. Entonces, ¿quién promueve esas quejas? Antes de terminar los spaghettis –riquísimos, por cierto– fue cuando caímos en lo de “El Mundo, el Demonio y la Carne”. Todo muy claro: es obra del Vaticano, siempre dando la lata con lo que presta.

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