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José Manuel Ponte

Sobre las “demencias sobrevenidas”

El “clan de los Pujol”

Los abogados de Marta Ferrusola, esposa del expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y procesada junto con este y sus siete hijos como supuesta autora de varios delitos de corrupción política, se han dirigido a la Audiencia Nacional para que la exculpe de todos ellos por “demencia sobrevenida”, dado que padece una enfermedad neurológica que le impide el discernimiento. Según los letrados encargados de su defensa, la señora Ferrusola no reconoce a sus familiares más cercanos, emite frases incoherentes, no es capaz de entender lo que lee y desde que sufrió un politraumatismo por una caída en su domicilio su estado de salud se ha deteriorado de forma irreversible. A la petición acompañan dos informes médicos al tiempo que solicitan el examen de un forense para corroborar la verosimilitud de todo lo alegado.

Los jueces decidirán en su momento si esa “demencia sobrevenida” es argumento válido para exculpar a una anciana de 85 años por su presunta participación en un reiterado asalto a la caja del Estado en compañía de su marido y de sus siete hijos. El llamado “clan de los Pujol”, lo que asimila su actuación, sus métodos, y sus fines con los de cualquier organización criminal de estructura familiar como esas de las que tenemos noticia por las secciones de sucesos. (Otra que se hizo muy famosa fue la del “clan Ruiz Mateos”. El patriarca y la matriarca ya fallecieron pero los hijos varones acabaron en prisión).

Cumplidos los 80 años, no es infrecuente que muchos ancianos conserven buena parte de su vigor físico y mental y, por tanto, estén en condiciones de afrontar con pleno conocimiento las exigencias de un proceso penal. Desconocemos en que medida ese razonamiento es aplicable a doña Marta Ferrusola, aunque todos tenemos memoria de la vitalidad con que espabilaba con el bolso a los periodistas que la acosaban a las puertas de su domicilio en Barcelona. En manos de un buen abogado, una “demencia sobrevenida” tanto puede ser alegada como una desgracia que como un truco procesal. Habrá por tanto que esperar a conocer la opinión de los jueces para pronunciarse. En cualquier caso, será una oportunidad para estudiar la evolución mafiosa de como un “padre de la patria” acaba por pasarle al cobro a sus conciudadanos la factura de sus desvelos políticos. En dinero contante y sonante, por supuesto.

La locura, sobrevenida o no, siempre fue un argumento muy utilizado en política. Fernando el Católico la invocó para acabar encerrando en prisión a su hija la reina Juana, más conocida como “Juana la Loca”. Y lo mismo hizo con ella su hijo el emperador Carlos. Por supuesto hubo otros reyes españoles que también merecieron el apelativo por su conducto, porque ya es sabido que la historia es caprichosa y reparte los motes como le viene en gana. Por ejemplo, unos siglos más tarde, Luis II de Baviera, fue conocido como el “rey loco” por su afición a construir preciosos palacios. También tenemos al “loco Gatti”, pero ese es un portero de fútbol argentino.

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