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Crítica / Música

Un espíritu musical omnívoro

“Alberto & García” renueva su apuesta por el eclecticismo en su último trabajo

“Alberto & García”, en su actuación en el Jovellanos. | Marcos León

“Alberto & García”, en su actuación en el Jovellanos. | Marcos León

Con las salas de conciertos cerradas por las restricciones sanitarias, son pocos los repertorios musicales que encuentran espacios para sonar en vivo. Sin duda, la música clásica sale ganando, y los carteles de los teatros y auditorios siguen con mayor o menor regularidad la programación de los ciclos sinfónicos y de cámara habituales. Afortunadamente, surgen iniciativas imaginativas como “Encaja2”, que convierte la caja escénica del Teatro Jovellanos en un escenario de conciertos para todos los estilos, en un formato reducido que recuerda a la serie “Unplugged” de MTV en los noventa.

El pasado miércoles fue el turno de “Alberto & García!, una banda asturiana con una década de música a sus espaldas y una trayectoria marcada por el eclecticismo. Llegaron al Jovellanos para presentar su último disco, “Flores negras” (2020), un trabajo en el que desarrollan los diálogos entre el pop y la música latina que ya aparecían en sus álbumes anteriores. Alberto & García lo forman siete músicos bien compenetrados, cada uno con su espacio, con su cometido, y en su justa medida. Ese es el secreto para que todo suene compensado, y lo demostraron sacándole todo el partido a las condiciones acústicas que ofrece el auditorio gijonés.

Arrancaron caldeando el ambiente con “Verano”, un tema que avanza contundente marcando el pulso en las estrofas y fluyendo con facilidad en el estribillo. Esta primera canción ya dejaba entrever el esmero por cuidar una riqueza tímbrica fundamentada en los diálogos entre guitarras y la nutrida percusión. Una característica que sería aún más visible en los temas con ritmo latino, como el bolero “Verdad de la buena”, pero que también estaría presente en temas de aire funk-disco, como “Elefante”.

No es fácil etiquetar a esta banda, ni siquiera con las canciones de un mismo disco, porque si lo latino tiene peso en su música, también encontramos guiños al Brit pop de “Blur” en los riffs de “Pulmón” o al rock más canónico en “Como John Wayne”. El público estaba entregado desde los primeros compases, pero fue, sin duda, la mutación del patrón de bolero en salsa en “Verdad de la buena” lo que desató las primeras palmas. En el siguiente tema, “Animales escondidos” se generalizaron los movimientos de pies, manos, cabezas y hombros entre los asistentes. En definitiva, todo lo que se puede mover sentado en una silla.

La recta final siguió la impronta latina; primero con el carnavalito “Tierra de fuego”, donde el saxo bajo tuvo espacio para desarrollar la melodía. Y, por último, “Reina de la selva”, una cumbia que no se entrega del todo al baile y en la que esta banda deja su impronta personalizando los fraseos de la voz (más cercanos al pop) y cuidando todo el conjunto instrumental.

Fue una hora de recital que acabó en lo más alto y dejó a los asistentes con ganas de más. Buenas sensaciones para esta primera toma de contacto de la ciudad con el nuevo trabajo de “Alberto & García”; esperemos que pronto podamos volver a verlos en un escenario grande y sin estar anclados a una silla, la experiencia será muy distinta, garantizado.

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