DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Carmen Martínez Fortún

¿Optimismo o engaño?

La tendencia a anticipar el dolor

Considero el pesimismo un mecanismo de autoprotección extendido aunque erróneo. Se anticipa la desgracia futura para soportarla mejor cuando llegue. Solía utilizarlo de escudo cuando era joven. Así, prefería pensar que un examen me había ido mal para evitar el posterior chasco. Hoy sé que anticipar el dolor solo conduce a duplicarlo. Disculpen ustedes esta psicología de aprendiz, pero los momentos que estamos viviendo propician recuerdos y mecanismos favorecidos por la quietud impuesta, la inactividad o esta semirreclusión prudente. La fatiga pandémica, las olas que no cesan, las noticias inquietantes o escalofriantes están poniendo a prueba este optimismo terapéutico al que llevo aferrándome desde hace mucho tiempo, antes incluso de la pandemia, y que me gusta interpretar como una actitud de autodisciplina y de superación. Acostumbrada progresivamente a luchar contra el lento pero implacable deterioro físico, el dolor leve pero crónico, la gravedad, la desmemoria, la lentitud de reflejos o las manchas en la piel, me permito poco coqueteo con la desesperanza. O con la evidencia.

Y, sin embargo, a estas alturas hay preguntas obligadas. ¿Erró Sánchez o engañaba cuando dijo en verano que habíamos vencido a la pandemia? ¿Erró Simón o engañaba cuando dijo allá cuando todavía éramos tan felices que el virus iba a tener baja incidencia, o hace poco, en pleno dolor, cuando elucubró que la cepa británica sería insignificante? ¿Erró Illa o engañaba cuando, antes de la espantá, afirmó que sobrarían vacunas? ¿Engaña o yerra Darias cuando afirma que la vacunación va al ritmo adecuado y en verano las cosas irán un 70 por ciento óptimo?

La desconfianza está servida, pero, cuando la lucha se antoja casi perdida, una se aferra a un optimismo racional y apoyado en evidencias históricas que demuestra que, incluso con autoridades ineptas o psicópatas –que no digo yo que sea el caso–, las crisis se superan, y que, como aprendí de niña gracias a una profesora optimista o ingenua que conocía muy bien a Einstein, estas son necesarias para que la humanidad avance.

Compartir el artículo

stats