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Manuel Herrero Montoto

Faltan vacunas y sobran jetas

Una actualización de la novela picaresca

Hay un subgénero literario en narrativa genuinamente español: la novela picaresca. Denuncia y entretiene. El pícaro ha estado siempre presente en nuestras más gloriosas páginas, retratado magistralmente por las plumas de nuestros autores mayores. España le debe mucho a la picaresca. Pero la simpática picaresca de nuestro Siglo de Oro nada tiene que ver con la que se practicó en siglos posteriores, no digamos con la que se ejercita en la actualidad. Nuestro lazarillo de hoy no se come las uvas de tres en tres, es un pícaro zafio y prepotente que amparándose en su rango se zampa las vacunas que corresponden a los más desprotegidos. Según protocolo. Según ética. Según ley. Y si eres cristiano, según el Quinto Mandamiento: No matarás. Jamás nos pasó por la imaginación que se diera una rapiña tan miserable. Los nuevos pícaros se encuentran entre la fauna que está al frente de nuestras instituciones degradadas, así vemos alcaldes, consejeros, concejales, secretarios generales, gerentes, directores generales, enlaces sindicales, militares de alta graduación, obispos, y dicen que hasta el Papa de Roma.

Los infractores, de momento hablan de 700 y otras fuentes de 3.000, quién sabe, consiguieron anular la propiedad conmutativa, lo de Pitágoras, que el orden de los factores no altera el producto. Hombre, vaya si se altera. El producto, gracias al coladero sin nombre, es un mayor número de contagios y de muertos. Si me apuras, son más transgresores que los del botellón más botellón de todos los botellones. Faltan vacunas y sobran jetas. Los ciudadanos debemos conocer sus nombres. Yo no quiero pagar el sueldo a un personaje que me pueda mandar al huerto a mí o a uno de los míos, o al vecino del quinto. Y se justifican y los justifican sus protectores de la forma más peregrina. Pero, miren, hay que sacar provecho de todo. Por ejemplo, los enlaces sindicales de la Sanidad que se vacunaron de aquella manera, visto que el personal de primera línea ya no puede con el alma y encima muchos trabajan sin vacunar, hacemos una permuta, recuperamos a los del sindicato para el curro, vacunados y descansados, y a los exhaustos currantes les damos despacho y ordenador en el sindicato. Es hora de medidas excepcionales.

En un programa televisivo de debate o lo que sea, que dirige una periodista que pretende liarla, de chúpame domine pusieron a los carteristas de vacunas. En la mesa, una médica entradita en años apoyaba la moción del castigo. De repente, una pregunta indiscreta a la sanitaria: ¿usted se vacunó? No le quedó otra: sí, claro. Nos enteramos de que se trataba de la ex jefa del Servicio de Medicina Preventiva de un gran hospital de Madrid. Tres años jubilada. ¿Primera línea? Qué oportunidad se perdió la presentadora de liarla.

Queda camino covid, pongámonos serios, no se pide más.

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