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Francisco Bastida

Plagio electoral, propuestas y credibilidad de los candidatos

La necesidad de valorar en su justo término un asunto que ha levantado polvareda en la campaña electoral

En la carrera electoral hacia el Rectorado de la Universidad de Oviedo se ha divulgado que uno de los candidatos, Ignacio Villaverde, se presenta con un programa electoral en cuyo texto aparecen algunos párrafos copiados de programas electorales presentados en otras universidades por distintos candidatos.

El revuelo causado por este hecho, convenientemente aventado por el equipo de su oponente, es grande, pero no debería ser un elemento decisivo para votar a uno u otro. Vaya por delante que esa actuación de copia y pega es reprobable, porque en el uso de una fuente debe siempre citarse su origen, para que no se convierta en descarada apropiación. A estos efectos es secundario si es una parte menor o mayor la cantidad de texto copiado. Vaya por delante también que, si el hallazgo del plagio fuese en el programa de Santiago García Granda, seguramente el equipo de Ignacio Villaverde hubiera reaccionado de igual modo, afeando de manera estentórea esa conducta. En uno y otro caso no se hace o se haría por defender la pureza de los valores universitarios, sino para, de forma farisaica, sacar rédito electoral de una evidente metedura de pata. Por lo demás, es posible que si uno escarbase en el programa de García Granda encuentre también algún párrafo de copia y pega, y sería necio hacer de eso el centro de unas elecciones, máxime en una situación tan delicada como la actual.

A la Universidad se le debe exigir seriedad, incluso en campaña electoral, y es bueno que Ignacio Villaverde haya pedido disculpas por el parcial plagio cometido. Pero la misma seriedad y rigor hay que poner en el análisis del hecho. Un programa electoral no es una investigación científica y en ningún caso cabe situarlo en el mismo plano, ni por su contenido ni por su finalidad. Es lógico que para las propuestas que se hagan a la comunidad universitaria se indague qué experiencias hay en otras universidades con las que el candidato se pueda sentir identificado para realizarlas. El programa electoral no es una publicación para obtener un sexenio de investigación, sino un documento para hacer público el compromiso con las propuestas que en él se mencionan. Si, por ejemplo, se quiere hacer una promesa sobre medio ambiente, es coherente y conveniente que se indaguen qué medidas proponen al respecto los especialistas y se asuman como propias esas medidas. Lo honesto es señalar la fuente de esa información, porque, entre otras cosas, da crédito a las propuestas, pero lo más relevante para el público, para el votante, es valorar en sí las medidas y, más aún, la confianza que ofrecen los candidatos para llevarlas a la práctica.

Somos universitarios y me gustaría que en esta campaña electoral se debatiese sobre propuestas y credibilidad de los candidatos en su compromiso para mejorar la institución. No caigamos en la zafiedad a la que nos acostumbran los dirigentes políticos, lanzando sal gorda sobre el oponente y haciendo de la anécdota de un error una descalificación categórica del rival, porque ambos candidatos tienen una impecable trayectoria académica y una probada experiencia en la gestión de la universidad.

Si los candidatos me permiten un consejo, les recomendaría menos promesas y más compromiso, porque, como decía Bernard Baruch, vota a aquél que prometa menos; será el que menos te decepcione.

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