No hay semana sin malas noticias para Asturias. Las de esta, la caída de la producción industrial en un 13,9% durante 2019, en datos del INE, y la merma del PIB en un 9%, según el Banco de España. El virus se comporta en la economía de forma parecida a como lo hace sobre la salud: sus efectos sobre el sistema no son percibidos hasta pasado un tiempo del pico de contagios. Estamos atravesando lo más duro de esta crisis, y no solo en los hospitales. También en cuanto a incidencia de la infección sobre una actividad que está en la UCI, asistida por respiradores artificiales. Pero esto pasará más pronto que tarde y la eufórica recuperación que comenzaremos no puede pillar en fuera de juego al Principado. A verlas venir. La región tiene fortalezas. Hay que mimarlas.

El área metropolitana astur está a menos de dos horas en avión de Londres, París, Madrid y Barcelona, y no mucho más lejos de Fráncfort. El caso es contar con buenos enlaces directos. La Variante, cuando funcione, la situará también a dos horas y media en tren del corazón de la España radial. El superpuerto de El Musel la abre a los grandes barcos que surcan los mares del mundo. La condición de fondo de saco hoy en una sociedad global ya no la determina tanto la ubicación geográfica como el desarrollo de las comunicaciones. La periferia deja de pesar como un lastre.

La llegada de gigantes del comercio electrónico, que nunca se asientan en cualquier parte, evidencia esta nueva realidad. Con su desembarco, el concejo de Siero y, por influjo, el de Llanera tienen todas las papeletas para convertirse en relevantes nodos logísticos dentro de las redes europeas. ¿En qué más podemos destacar? Emerge en la nueva Asturias que llama a la puerta un reparto de especialidades por territorios con muchas sinergias.

Oviedo, gracias al buque insignia de la sanidad asturiana, el HUCA, y a grandes iniciativas privadas vinculadas a la atención oncológica y oftalmológica, concentra sus esfuerzas en convertirse en la ciudad de la salud y las empresas biosanitarias. Un prometedor semillero en el Vivarium dependiente del Ayuntamiento acoge a las primeras compañías. La milla del conocimiento de Gijón cumple dos décadas. Iniciativa municipal para impulsar la transición de la industria pesada al I+D+i, acumula 180 empresas. El parque tecnológico junto al campus y la Laboral se queda pequeño y ya proyecta una ampliación hacia los astilleros abandonados de la fachada marítima y la clausurada mina de La Camocha. Un círculo pleno de simbolismo que se cierra y certifica su éxito: lo viejo agotado deja su lugar a lo nacido para reemplazarlo.

Los muelles de Avilés ofrecen otra imagen que vale por mil palabras: antes, llenos de graneles sólidos; hoy, colapsados por torres para generadores eólicos y marinos. Las factorías clásicas de la comarca avilesina y el adyacente valle de Tamón (Carreño) no se estancan y evolucionan hacia un modelo limpio y tecnologizado sin renunciar a su materia prima: el metal. Los desarrollos informáticos en Valnalón (Langreo), la nanotecnología en El Entrego, los videojuegos en Mieres y la incursión de Hunosa en energías renovables dan forma a unas Cuencas mineras diferentes. Ninguna comarca se ha especializado tanto en el turismo como el Oriente. Por el Occidente baten los molinos de viento y navega a toda vela el sector naval. Y, en fin, los recursos naturales y el esplendor de los negocios agroalimentarios confieren una nueva dimensión a las zonas rurales.

Sin industria, el Principado no llegará a ninguna parte. Pero solo con industria nunca podrá recortar el diferencial de prosperidad con respecto a las regiones más aventajadas. Frenar la tendencia declinante es factible. La República Checa, una nación comunista y pobre en la década de los 90, acaba de rebasar a España en PIB per cápita. El paro del país centroeuropeo roza el 3%, frente al 13,5% de Asturias. El espejismo de las pensiones sesga aquí los indicadores de bienestar. Los grandes concejos no logran igualar los aumentos medios de renta de las urbes españolas de tamaños análogos pese a contar con potencialidades para hacerlo.

No nos cansaremos de repetirlo hasta la saciedad. Cualquier crisis siempre alberga algo positivo: la obligación de plantearse las cosas de otra manera. La que estamos atravesando requiere mucha flexibilidad, para acoplarse a un panorama cambiante de necesidades y demandas, y una revolución tecnológica, para redoblar la productividad y competir en rincones remotos.

Cuando la fabricación de vacunas se acelere, la inmunización recibirá un fuerte impulso. El virus quedará controlado y la emergencia médica, solventada. Persistirán en términos de paro y penuria sus destrozos. Esta otra pandemia solo cuenta con una posible vacuna: generar riqueza. Asturias necesita un plan, una estrategia que apuntale sus brotes verdes y conduzca la región hacia alguna parte. No todo lo pueden monopolizar el cuerpo a cuerpo contra el covid y las políticas sociales.