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Arturo Gutiérrez de Terán

Ciudad y participación ciudadana

Un nuevo enfoque para el planeamiento urbanístico

Todas las políticas relacionadas con la rehabilitación de edificios, la regeneración de barrios o partes de la ciudad y la revitalización/renovación urbana deberán ser políticas municipales que exigen de la comprensión y colaboración de los ciudadanos; lo que se viene en llamar la “participación ciudadana”.

Hasta ahora se venían haciendo planes de urbanismo bajo el supuesto de que era necesario generar nuevos suelos urbanizables capaces de absorber la demanda de nuevas edificaciones, nuevas viviendas y sus correspondientes equipamientos, siendo estos necesarios para resolver los déficits existentes en el suelo urbano ya construido más el nuevo urbanizable que más tarde se transformaría en nuevos suelos urbanos. Eran planes concebidos para el crecimiento de los pueblos y las ciudades de nuestra región.

Entonces las leyes obligaban (y obligan) a que durante el proceso de redacción del planeamiento y su tramitación administrativa se abrieran periodos de información pública previos a la aprobación definitiva de esos planes urbanísticos. Los Avances técnicos de esos planeamientos y los resultados de las aprobaciones iniciales iban acompañados de periodos de exposición al público para que los ciudadanos opinasen, pero en la práctica la mayor parte de aquellos interesados solo se preocupaban de ver si sus propiedades, sus prados, podrían ser o no edificables, pues en caso de serlo aumentaría su valor aunque también los impuestos locales. Primaban mayormente ese tipo de intereses sobre otros considerados como de interés general. La documentación que se mostraba en esas “informaciones públicas” consistía en planos muy abstractos y en memorias muy técnicas, lo que dificultaba que se cumpliera realmente la previsión legal de informar a los ciudadanos para que estos emitieran sus juicios. Y consecuentemente, el resultado final no era eficaz, no es eficaz su vigencia. 

Según la ONU, hacia 2050 el 70% de la población vivirá en ciudades, cuando hoy estamos en el 55%

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Sin embargo, en la actualidad la mayor parte de los planes urbanísticos o de futuro inmediato versarán sobre los suelos urbanizables ya previstos en los planeamientos anteriores o sobre los suelos urbanos ya consolidados pero con deficiencias evidentes respecto a las nuevas exigencias de calidad de vida por parte de los ciudadanos que habitan los distintos barrios. Y desde luego, en las villas donde apenas se demandan nuevas actividades el interés de los habitantes se reduce a mínimos... aunque como antes dije, se generen nuevas demandas de base higiénico-sanitaria y de calidad de vida. 

Si los nuevos planes prevén áreas de “regeneración urbana” significar que se actuaría sobre zonas habitadas, por lo que tendría todo el sentido que los habitantes directamente afectados se vieran más forzados a participar en la toma de decisiones. Es entonces cuando el concepto de “participación ciudadana” adquiere todo el vigor y exigiría que tales procesos fueran acompañados de amplia información antes de opinar. Información cierta y pormenorizada para que la opinión sea más responsable.

Construimos la ciudad haciendo prevalecer el aspecto físico de lo urbano sobre los intereses del ciudadano que vive, trabaja y siente la ciudad

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Según el prestigioso sociólogo catalán, geógrafo y urbanista Jordi Borja, “las ciudades son el escenario de los cambios, donde estos se hacen visibles”. La importancia de la ciudad en nuestras vidas va en aumento. Según la ONU, hacia 2050 el 70% de la población vivirá en ciudades, cuando hoy estamos en el 55%.

Construimos la ciudad haciendo prevalecer el aspecto físico de lo urbano sobre los intereses del ciudadano que vive, trabaja y siente la ciudad; pero todavía, hasta ahora, no fuimos conscientes de que la ciudad le pertenece, nos pertenece. La ciudad es nuestra casa y allá tenemos nuestro rincón, la vivienda, los lugares de trabajo, los de ocio, las amistades...

Pero hoy, con tanta información y capacidad de comunicación, sumadas a la cantidad de gente que sufre los aspectos negativos de la vida en las ciudades, los responsables políticos van tomando conciencia de la imposibilidad de concebir y construir ciudades y paisajes sostenibles si durante el proceso no se incorpora a la ciudadanía de modo intenso, responsable y ordenado, con clara voluntad de hacernos ver que, ciertamente, las autoridades políticas quieren escuchar cómo es nuestro modo de habitar, cómo debe ser y cómo vemos y sentimos la vida.

El modelo de ciudad reflejo de la era de industrialización, del poder financiero, económico y político exige una revisión. Y esta crisis, que aún estamos padeciendo, ha de servir para encontrar algo positivo: disponer de tiempo para reflexionar y encontrar respuestas eficientes y democráticas sobre el fruto de nuestras ciudades. 

Ahora bien, dicho esto, tampoco debiera interpretarse que los planes, programas y proyectos están ausentes del saber de técnicos y especialistas. Al contrario. Es preciso opinar, pero previamente es necesario estar adecuadamente informados, para lo cual es imprescindible organizarse desde las propias administraciones para que la sociedad civil se sienta partícipe en la construcción o reconstrucción de su ciudad, pero sin sustituir el conocimiento de los técnicos ni sus labores.

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