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Gumersindo Rodríguez

El caos se adueña de Educación

Los puntos negros en la gestión de la pandemia por parte de la Consejería de Carmen Suárez

Los problemas que acucian a la Educación en Asturias se multiplican: la pandemia no ha hecho sino mostrar las debilidades del sistema, en el peor momento y con la peor gestión al frente de la Consejería.

Es cierto que no existen soluciones mágicas para afrontar la pandemia, pero no lo es menos que la Consejería ni escucha ni cuenta con nadie.

Traducidos en confusión e ineficacia, los bandazos de la Consejería son épicos. El caos se ha adueñado de quien tenía que liderar, desde su alta responsabilidad, la gestión de la Educación en Asturias.

Lejos de hacerlo, y después de haberse lavado sistemáticamente las manos trasladando toda la responsabilidad a los equipos directivos sin darles las herramientas ni la financiación para ello, la Consejería se ha atrevido a atribuirse como propios los logros en la gestión organizativa de los centros educativos y que sean entornos seguros, con un bajo índice de contagios (fruto de la modificación “ad hoc” de los criterios para considerar contacto estrecho). Sin embargo, es público y notorio que esa gestión y buen proceder para evitar la propagación corresponde a los equipos directivos, docentes y a los propios alumnos y familias que han cumplido a rajatabla las medidas sanitarias, que usan mascarillas FFP2 pagadas de su propio bolsillo y que sufren a diario los rigores del frío helador propio del invierno por mantener las ventanas abiertas y minimizar el contagio por aerosoles, en ausencia de purificadores de aire y medidores de CO2, que algunas AMPA han adquirido por su cuenta.

La enseñanza semipresencial es el principal fracaso de gestión por parte de la Consejería, que renunció a habilitar espacios municipales para garantizar la enseñanza presencial, que hubiera evitado los abandonos que ya se detectan entre alumnos que ni se conectan a la enseñanza telemática.

Cuando parecía que ya se había llegado al culmen de la chapuza en la gestión, surge el cierre de la actividad lectiva en 40 municipios por razones climáticas y viarias, que ninguna fuente oficial pudo acreditar, y la posterior falta de reacción por el brote masivo de Grado, con órdenes y contraórdenes sucesivas marca de la casa.

El penúltimo episodio lo constituye la recomendación de Sanidad para que el profesorado no use las mascarillas que la empresa les facilitó, al existir dudas razonables sobre su eficacia, pidiendo expresamente que se usen las quirúrgicas y FFP2, que ANPE lleva meses reclamando infructuosamente. Lo que no nos han dicho es quién va a resarcir su coste al 84% del profesorado que lleva comprándolas desde el 1 de septiembre, ante la poca confianza que ofrecía el “trapo” exhibido por la consejera de Educación en la Junta General, primera y última vez que se la vio con ella.

Para rematar, la Consejería indica ahora que, como toda solución ante el frío que asuela las aulas, “no hace falta mantener las ventanas abiertas todo el tiempo, que basta con ventilar unos pocos minutos”. ¿Cuántos kilómetros de empatía median entre los despachos confortables y calefactados de la plaza de España y las aulas de colegios e institutos que acogen a decenas de personas ateridas en espacios cerrados durante, al menos, seis horas al día?

La Educación es una actividad esencial para la formación de las personas, pero también para la conciliación familiar y laboral y la continuidad de la actividad económica, que depende de que las aulas no cierren. Sin embargo, para conseguirlo, se ha puesto al profesorado frente a frente de la pandemia, sin medios, y con absoluta incertidumbre en la planificación de su vacunación en el horizonte inmediato como grupo prioritario.

La pandemia ha servido para que la sociedad reconozca el compromiso y el esfuerzo del colectivo docente, pero la incredulidad y el enfado de quienes sufren la ausencia de liderazgo en Educación amenazan con dinamitar todos los puentes y han puesto de acuerdo a todos los colectivos: profesorado, familias y alumnos, que han empezado a manifestarse.

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