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Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

El espacio moderado

No le falta razón a Pablo Casado, el mudable líder del Partido Popular, cuando pide un espacio de centro en el que impere la moderación. En las terribles circunstancias actuales, el país necesita equilibrio y una nueva cultura política que se traduzca en un liderazgo capaz de transmitir confianza. En parte se consigue erradicando la polarización, con un centroderecha o un centroizquierda que asuman un papel estabilizador para poder combatir la crisis social y económica. El problema es que cuando Casado tuvo la oportunidad de empezar a poblar ese espacio de esperanza con la ayuda de Ciudadanos no lo hizo, y ahora el partido de Inés Arrimadas se ha convertido en una chalupa a la deriva. De manera que solo le queda dirigirse a Pedro Sánchez, que únicamente participa de la teoría de moderada cuando le interesa y en determinadas circunstancias, pero que luego en la práctica no tiene inconveniente en aparearse con el independentismo catalán, Bildu o en elegir como socio de Gobierno a Podemos. De ahí no sale la moderación, sino el enconamiento frentista.

Las “olas de ese río” que Casado pide a Sánchez que deje de surcar son precisamente las que mantienen a este en el Gobierno, fragmentan a la derecha haciéndola zozobrar, y las que, llegado el momento, le pueden permitir convocar elecciones presentándose el PSOE como la única opción creíble para los españoles, cuando en realidad lo que ha practicado es la tierra quemada. En el caso de no conseguir el resultado que le permitiese gobernar desahogadamente, Sánchez tendría de nuevo la oportunidad de juntarse con los mismos aun después de haber justificado la convocatoria de las urnas por la imposibilidad de lidiar con el extremismo. Le vale todo. Ya lo hizo con UP y volvería a hacerlo. No le tienta al presidente del Gobierno un espacio de centroizquierda para España; cuando se pudo conseguir, ni él, ni Rivera, que, aunque tocado por la ambición, no se fiaba del personaje, se pusieron de acuerdo. Conviene desengañarse.

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