Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Roberto Granda

El Club de los Viernes

Roberto Granda

Lecciones de democracia

Sobre el rapero Hasél

“Pero este hijo de puta cómo funde tanto, me deja la nuca como la de Miguel Ángel Blanco, me mueve el cuello hasta que las cervicales le preguntan al corazón cabrón cuanto vales”.

Esta siniestra estrofa, acompañada con un gesto de pistola con la mano, fue una de las más celebradas de Pablo Hasél en un concierto que dio para el programa “La Tuerka”. Después, entusiastas y ebrios de comunismo y licores, subieron al escenario dos profesores universitarios que ya hacían sus pinitos como censores asamblearios, llamados Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Embriagados por el despliegue artístico, no dudaron en agarrar, tendida por Hasél, una bandera roja con el busto serigrafiado de Lenin y la hoz y el martillo, para entornar a capela “La Internacional”, en lo que se tornó un aquelarre grotesco y bochornoso.

Hoy, uno es vicepresidente y habla entre bisbiseos y prédicas filípicas, y el otro, con menos peso político tras las guerras intestinas, se dedica a ir por los platós y tertulias, muy circunspecto, con el ceño fruncido o las cejas enarcadas, dando lecciones de democracia.

Resulta especialmente indignante que la sufrida población, golpeada tanto en lo económico como en la merma de libertades, tenga que, encima, soportar clases éticas de tipos semejantes.

Alguien que ha asesorado en una tiranía como la chavista, que ha expresado en numerosas ocasiones su fascinación por el régimen bolivariano y lo ha puesto como ejemplo, si luego se erige en defensor de cierta clase de derechos, debe ser automáticamente señalado e interpelado. Quien haya colaborado de forma tan directa y remunerada con un sátrapa, es de forma indiscutible un cómplice, un esbirro, por muchas capas de pintura con la que quiera camuflar su perversa ideología, generadora de miseria y represión.

Cualquier otro político en activo que hubiera sido estrecho cooperador y entusiasta seguidor de un régimen que vulnera de esa forma los Derechos Humanos estaría inhabilitado para salir en cualquier programa siendo preguntado por las virtudes y las carencias de las instituciones democráticas españolas. En España se permite, con el beneplácito de presentadores y tertulianos.

Y aguantando diatribas con la sensación de que elaboran un discurso dirigido para adolescentes o para un público del que asumen que es intelectualmente más desfavorecido, sorprende sin embargo la constatación de que un número importante de personas aceptan esa malsana demagogia y chatarra argumental como válida, y además, coherente y necesaria.

Que los miembros de Podemos se arroguen la potestad de la democracia o las virtudes civiles, conociendo su trayectoria y su bagaje, es un insulto a la inteligencia de todo el que no sea un sectario o un integrista político. Inmunes a la hemeroteca y contando con la frágil memoria del ciudadano, los Errejones y demás patulea lanzan desde su atalaya críticas al sistema democrático español, sin aclarar nunca un modelo alternativo más allá de “cálidos vientos latinoamericanos”, populismo de muy baja calidad y el desprecio constitucional.

Comerciantes y empresarios han tenido que ver cómo, reventados y saqueados sus negocios con la pueril excusa de la libertad de expresión de un agresor y enaltecedor del terrorismo, cuando fueron a pedir amparo al Gobierno, descubrieron, atónitos, que desde un partido de ese Gobierno se alentaba y animaba a las turbas, con el silencioso beneplácito del presidente. Democracia, dicen.

El hecho de que el ministerio de Igualdad, ese insulto a la inteligencia y a la dignidad de las mujeres que supone con su falso moralismo posmoderno, haya presionado para volver a celebrar las marchas del 8-M en mitad de una pandemia, es el reflejo del mal sin paliativos, un mal sin justificación (más allá del sustancioso presupuesto que tiene el juguete de Montero) con un perjuicio para la salud pública y un regocijo sobre la cara de las víctimas. Con el país casi cerrado a cal y canto y todos los eventos multitudinarios suspendidos (Fallas, Semana Santa, San Fermín...) esta demostración de músculo y de rodillo ideológico, anteponiendo la ingeniería social sobre las vidas de las personas (las que hace un año despreciaron de forma negligente) es una presión más de la bota gubernamental sobre el cuello de los ciudadanos, a los que machaca sin piedad y con cierta tendencia al ensañamiento.

Utilizan a las mujeres más adoctrinadas y de más precaria cultura para lanzar los mensajes inverosímiles de una de las patas que conforman el marxismo cultural. Pero ni todos los chiringuitos en los que abrevan la multitud de asociaciones palanganeras justifican la persistencia en esta intolerable felonía.

Hablan de democracia. Hablan de feminismo. No se crean absolutamente nada.

Compartir el artículo

stats