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Juan Soto Ivars

El otro porno

La tecnología instantánea proporciona un atracón bulímico de todo y arrebata lo que hacía sublime el placer: esperar

Leo que en Silicon Valley lo peta Dispo, una aplicación con la que haces fotos pero no te las enseña hasta el día siguiente, tras un falso proceso de revelado. De esto habló Neil Postman en su fabuloso “Tecnópoli” y también Yuval Harari, cuando señaló que el correo electrónico, nacido para ahorrarnos el tiempo de la espera, trajo consigo la paradoja de tenernos todo el día mirando el buzón. ¿Qué ha sido de la emocionante espera para quien sabe que va a recibir una carta? Hoy la dulce impaciencia ha sido sustituida por la ansiedad bulímica cuando no te responden al doble “check” azul. La tecnología instantánea nos ha proporcionado un atracón bulímico de todo y nos ha arrebatado lo que hacía sublime el placer: esperar.

La espera y la sugerencia distinguen el erotismo de la pornografía. En este sentido, todo es porno en la red: doble penetración de cualquier cosa que busques y lluvia dorada torrencial a golpe de clic. La pornografía de lo inmediato nos deja, como la otra, aturdidos y amorcillados, insensibles. Por eso no extraña que en tiempo de Instagram haya quien extraña la lentitud del revelado, de la misma forma que en tiempo de Pornhub se vende más que nunca la lencería. ¿Será Dispo otro juguete roto? No sé. Me ha bastado leer la descripción para pillarle la gracia.

Esto que digo lo mantengo en otros ámbitos. Los que han nacido con el Spotify instalado me dan pena porque no podrán disfrutar de la música como los que saltábamos, impacientes, sobre el amigo que había conseguido tal o cual disco para tostarlo en cintas de casete. La escasez ensalzaba la riqueza de la cultura y la espera llenaba de valor a cada producto cultural. Así veo también las plataformas como Netflix: infinitamente más atrasadas, desde mi punto de vista cinéfilo, que los videoclubes.

Era el misterio que mediaba entre la sugerente carátula del VHS y el contenido de la cinta lo que me permitía disfrutar más de la película. ¿Que a veces resultaba que era un truño? Pues sí, pero de las decepciones de videoclub siempre saqué más que de las de HBO.

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