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Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La renovación de los jueces

Cuando hace menos de un año las negociaciones para renovar el poder judicial entre el PSOE y el PP se atascaban, escribí que desatascarlas y llegar a un acuerdo se debía a una simple cuestión de tiempo y lugar. No era el auténtico deseo regeneracionista el que impedía que llegase a buen puerto la intromisión descarada de uno de los poderes en otro. Ahora, cuando ha vuelto a entablarse la negociación parece que son los vetos cruzados los que suponen un escollo en las conversaciones entre los dos partidos. Los populares se oponen a que Unidas Podemos valide candidatos y a que José Ricardo de Prada, el magistrado que provocó la caída del gobierno de Mariano Rajoy y que accede por la puerta de atrás del turno de juristas, sea nombrado vocal. Podemos, a su vez, no sé qué vela le toca encender en este entierro, veta a uno de los vocales propuestos por el PP.

El obstáculo moral para seguir adelante no debería, en cualquier caso, ser este. Ni la inclusión de Podemos, la del juez que se sobrepasó con Rajoy, o la del vocal impugnado por Iglesias. El verdadero problema es que en este país, y como caso único en Europa, sean los partidos, el PSOE o el PP, los que desde la década de los ochenta, en que se declaró muerto a Montesquieu, elijan mayoritariamente a los jueces interviniendo decisivamente en la independencia del poder judicial, en contra además de lo que la Constitución señala. Son los magistrados los que deberían encargarse de ello.

Casado sostenía no hace mucho que eso era algo que había que cambiar, pero su sentido de la mudanza con respecto a los anteriores comportamientos del partido solo afecta a la sede nacional. De este PSOE no cabe esperar nada, tiene como paradigma de su respeto por la independencia judicial a una exministra que dejó de serlo para ser nombrada de inmediato fiscal general. La anomalía es constante, no se acaba.

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