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Jorge J. Fernández Sangrador

Una misma raíz

La educación católica como base para muchas personalidades del mundo de la ciencia y del arte

Tres personalidades, de distintas edades y ámbitos vitales, han aparecido, en días pasados, en los medios de comunicación social a causa de sus cualidades científicas o artísticas. Y las tres gozaron, en los instantes iniciales de su actividad, del estimulante ejemplo y alentador apoyo de una institución católica. Se trata de la investigadora Özlem Türeci, el violagambista Fahmi Alqhai y la poetisa Amanda Gorman.

Özlem Türeci ha logrado desarrollar, junto con su equipo, la vacuna que parece más eficaz en la inmunización ante el SARS-CoV-2. La empresa BioNTech, fundada y dirigida por ella y su marido, Ugur Sahin, es la que, con su tecnología, ha hecho posible la viabilidad del producto fabricado por la casa farmacéutica Pfizer: el tozinamerán (BNT162b2), en el que la humanidad, hoy, ha puesto su esperanza de supervivencia frente al coronavirus.

Pues bien, esta científica alemana, hija de inmigrantes turcos, que pasaba muchísimo tiempo con su padre en el hospital católico en el que él trabajaba como médico, se sintió, observándolas en el día a día, totalmente atraída por la vida de las monjas que allí atendían a los enfermos. Ella misma confesó que en algún momento pensó en entrar a formar parte de aquel grupo de mujeres, vestidas de blanco y negro, que hablaban con Dios y estaban enteramente consagradas a Él y al servicio del prójimo.

Abandonó, sin embargo, la idea de ser monja al considerar las complicaciones que podrían seguirse por el hecho de ser musulmana, pero no la de dedicarse, como ellas, a hacer el bien a los demás.

Y su marido, Ugur Sahin, que nació en Iskenderun, Alejandreta, en el extremo oriental del Mediterráneo, en donde tuvo lugar la batalla de Issos, y emigró de niño a Alemania, no oculta, al hablar de sus años de estudiante, que hubo una etapa en la que pudo hacer uso de los libros que precisaba gracias a que se los proporcionaba la biblioteca de una parroquia católica cercana a su domicilio.

Del Próximo Oriente también, llegaron a Sevilla, para estudiar Medicina, dos jóvenes cristianos, que, aunque se habían conocido, siendo niños, en la ciudad siria de Homs, la antigua Emesa, se enamoraron y se casaron en España. Ella, palestina; él, libanés. De esa unión nació, en nuestro país, Fahmi Alqhai, al que una importante publicación cultural ha calificado, en su último número, como «uno de los violagambistas más prestigiosos de nuestro tiempo».

Puesto que pensaban regresar a Siria en cuanto acabasen la especialidad, sus padres lo enviaron a Homs cuando tenía dos años, a casa de su abuela, quien lo inscribió en las clases de piano que impartía una religiosa: «Una monja francesa en un colegio de jesuitas», dice Fahmi Alqhai, que es católico. Y confiesa: «Ese fue mi primer contacto con la música occidental». Después, con su perseverancia, llegaron los éxitos.

Mientras que, en Norteamérica, Amanda Gorman, la joven afroamericana de 22 años que declamó, en el acto de toma de posesión de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos, el poema “The Hill We Climb” (la colina que escalamos), se ha convertido en una figura nacional por lo que dijo en su intervención ante todo el país respecto al sueño posible de una humanidad unida.

Amanda y su hermana gemela Gabrielle recibieron el bautismo en la parroquia católica de Santa Brígida, en Los Ángeles, y en ella, además de cursar “middle school”, se prepararon para la primera comunión y la confirmación. Es una parroquia en la que los sacerdotes están muy comprometidos en la defensa de los derechos de los afroamericanos y de los hispanoamericanos.

Y mientras escribo este artículo llega la noticia de que el embajador de Italia en la República Democrática del Congo, un escolta y el chófer han sido asesinados en un ataque perpetrado por un grupo armado cuando viajaban en un convoy que se dirigía a Rutshuru para visitar el Programa de Distribución de Alimentos a Escolares (World Food Programme) de la ONU.

El embajador Luca Attanasio nació y creció en la fe católica en la iglesia de Limbiate. Siendo adolescente, estaba muy implicado en el desarrollo de las actividades parroquiales, y siempre se mantuvo, aun en los distintos destinos a los que fue enviado en misión diplomática, en contacto con su párroco y con su parroquia de origen, en la que se ejercitó, pues siempre la consideró como una escuela, la mejor, para la vida, en el arte de darse a los demás, con generosidad total, tratando de asemejarse a Aquel que tenía por su principal modelo de referencia: Jesucristo.

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