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Juan Soto Ivars

Traducir a un negro

El traductor al holandés de Amanda Gorman renuncia por creer racista que lo haga alguien de otra raza

La persona que iba a traducir al holandés los poemas de Amanda Gorman, esa poeta de 22 años que pronunció unos versos reguleros en la toma de posesión de Joe Biden, ha renunciado al trabajo. No quiere hacerlo. Se niega. Lo ha pensado mejor y le parece inmoral. El motivo: esta traductora es blanca y Gorman es negra. Tal cual. A primera vista usted dirá: ¡pues hace falta ser racista! Y esta es la respuesta correcta, sí, aunque para llegar a ella tendremos que dar un rodeo posmoderno. La traductora cree, porque así se lo han dicho, que racista sería el acto de traducir a alguien de otra raza. Se llama Marieke Lucas Rijneveld y, por su condición de persona no binaria que fluctúa entre el hombre y la mujer, más que mema habría que llamarla meme.

Sobre Lucas Rijneveld había oído hablar cuando ganó el Booker Internacional. Supe que no quiere oprimir a nadie cuando escribe, que se crió en una familia ultrarreligiosa y rural de Holanda y que tiene 30. No la he leído, y es posible que su novela sea una genialidad, pero por sus palabras ella, o él, me pareció la condensación perfecta de la moral puritana que inunda a la izquierda protestante en Estados Unidos y países como Holanda o Dinamarca. Así que, perezoso, no le presté más atención. Hasta esta semana, cuando me entero por “The Guardian” de que Lucas Rijneveld ha renunciado a traducir a Gorman por las razones antes expuestas, y después de una bronca digital.

Hizo saltar la liebre una tal Janice Deul, activista, es decir, comisaria política, tras el anuncio de la próxima edición neerlandesa de los poemas de Gorman. Dijo, textualmente, que la de la editorial que había llamado a Lucas Rijneveld era “una elección incomprensible, en mi opinión y en la de muchos otros que expresaron su dolor, frustración, enojo y decepción a través de las redes sociales”. ¿Cómo era posible que encargasen a un diablo blanco, por muy no binario que fuera, la traducción de una sacrosanta persona negra y mujer? A la manera de nuestras hispánicas riñas, Deul infló esta falsa indignación y capitaneó una caza de brujas exitosa.

Lucas Rijneveld llamó a su editor para renunciar y, cursi, dijo: “Estoy conmocionada por el alboroto que rodea a mi participación en la difusión del mensaje de Amanda Gorman y comprendo a las personas que se sienten heridas por la decisión de (la editorial) Meulenhoff”. Quizá ignora Lucas Rijneveld que la responsabilidad de un autor, en estos tiempos de censura puritana y racismo victoriano, es plantarse con los pies firmes en el suelo y capear el temporal; que cada paso que un artista da hacia atrás frente a la horda es un paso que la horda avanza hacia todos nosotros. Pero quizá, esta es mi hipótesis, no lo ignora y de verdad “comprende” a las personas “heridas” por esta decisión editorial.

Tal vez, sí, Lucas Rijneveld comprende que un autor no debe tocar con sus blancas y diabólicas manos la obra de un negro, o asiático, o árabe, de la misma forma que un autor alemán no debía tocar la obra de judío polaco. Tal vez Lucas Rijneveld, como toda esa baba de actores oportunistas que salieron a pedir perdón por doblar en dibujos animados a personajes de otras razas, realmente comprende que los individuos no somos libres de traspasar las fronteras delirantes de la raza. Sí. Tal vez comprende. ¡Y esto es lo peor!

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