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Javier Naves

Tenemos un problema en los Picos de Europa

Sobre los criterios cambiantes respecto al Parque Nacional y el mal funcionamiento de su patronato

Uno puede cambiar de opinión. La administración puede cambiar de opinión. Todo el mundo puede. Pero cuando uno cambia constantemente de opinión quizás lo que pasa es que no la tiene. Es lo que le ocurre a la administración asturiana en temas medioambientales. Hablando del Parque Nacional de los Picos de Europa, y por mencionar solo los casos más recientes, lo vemos con las competiciones deportivas (la Travesera ahora autorizada) o con el proyecto de tren de cremallera a los Lagos de Covadonga (que parece a día de hoy una idea estupenda). Lo que en noviembre no cabía en el Plan Rector de Uso y Gestión propuesto por la administración al Patronato del parque (y aprobado), hoy vale.

Los ciudadanos nos relacionamos con la administración no solo cada cuatro años votando a los responsables políticos que la dirigen. Dejando a un lado la vía política, también existen unos mecanismos de participación y diálogo (y acuerdos) que se articulan en comisiones, comités, grupos de trabajo y juntas, muchas de ellas regladas, que forman parte del funcionamiento regular de la actividad administrativa en su relación con los ciudadanos. En el Parque Nacional hay un patronato que es, o debería ser, su órgano de participación social. Y que tiene, por cierto, un único grupo de trabajo, sobre el lobo, que hace dos años que la administración no convoca. Luego, eso sí, cuando el Ministerio y la comunidad científica proponen un cambio en los mecanismos de protección y gestión de la especie en España se llama al diálogo y consenso. Parece que me disperso, aunque quizás no sea tanto. Vuelvo al tema. Repito: lo que en noviembre no cabía en el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional presentado al Patronato hace unos meses hoy vale. Y se va a cambiar el Plan Rector para que quepa. Eso hemos leído y oído los miembros del Patronato en declaraciones y noticias, que a los patronos nadie nos ha contado nada.

En el Parque Nacional los ciudadanos tenemos un problema. Todo diálogo y relación para que sea honesta exige un mínimo de certezas. En el Parque Nacional de los Picos de Europa tenemos un problema que afecta y se extiende a las propias normas y leyes que organizan las relaciones entre los ciudadanos y la administración. Dice el Consejero de Medio Rural, Alejandro Calvo, que el tren de cremallera que subiría turistas a los Lagos de Covadonga se haría “con todas las garantías y condicionantes ambientales”. Pero a la vista de los antecedentes, ¿qué seguridad tenemos en que se cumplan y no se cambien? Dicen que la inseguridad jurídica, y parece que también estamos ante esto, tiene sus raíces en tradiciones y vocaciones autoritarias. ¿Cómo conseguir un marco normativo estable, predecible y claro que dé (un mínimo de) certidumbre a las decisiones de la administración en el Parque Nacional de los Picos de Europa? Este es el problema.

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