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Manuel Herrero Montoto

Babayos sueltos, peligro

Negacionistas y antivacunas

A Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús y él no se lo cree, porfía que si no mete el dedo en la llaga, no hay resurrección. Ocho días más tarde se le presentó Jesús, le mostró las palmas de las manos y le invitó a que metiera el dedo en las llagas de los clavos. Tomás obedeció, cayó de la burra y se arrepintió. El Señor le dio un tirón de orejas por haber necesitado ver para creer. Y el apóstol, compungido y mucho, se disculpó argumentando que él era humano y por ende desconfiado. Jesús lo entiende. Tomás cree en la resurrección. Y tan amigos. Lo que ya no es tan humano es que después de contabilizar en este país una llaga de 70.000 muertos en un año, de más de un millón de contagiados, con la economía hecha unos zorros y el planeta pendiente de la efectividad de una vacuna, todavía encontremos memos, babayos en lengua vernácula, que nieguen la sombría realidad y se empleen en tocarnos las pelotas con argumentos falaces e irracionales donde lo único que no está presente es la evidencia científica. Militan en las filas negacionistas, insisto babayos, toda una legión de viejas glorias a las que el talento se les chascó, por razones varias, y aprovechan el drama para reactivar el respaldo popular negando una realidad empíricamente verificable. Tratan de evadir una verdad incómoda y su circunstancia con tufo a fracaso, más incómoda todavía. El ocaso de los pequeños dioses negacionistas, amparados en su celebridad de antaño y ahora en decadencia, representa un veneno mortal para una sociedad poco informada o pésimamente informada, las redes son cómplices. Las autoridades no debieran tomarlo como un asunto baladí. En esta desorientación global, en la que cada día estamos más empotrados, los babayos crean la atmósfera ideal para avivar la confusión y propician el alejamiento de las personas de la solución racional. Científicos y epidemiólogos, en un combate de titanes y contra reloj, empiezan a tomarle el pulso al covid y estoy convencido de que nos sacarán del atolladero. De hecho, las vacunas circulan por medio mundo y con resultados satisfactorios, y las medidas restrictivas y de sacrificio, aplicadas con disciplina y sentido común, atenúan el efecto de la onda expansiva. Pero sobran los babayos (sinónimos: tonto, simplón, idiota, estúpido, necio, imbécil, engreído, fanfarrón, grosero), que se jactan de meter palos en la rueda de la racionalidad científica y epidemiológica. A los babayos espectáculo se les ha ido la boca de la mano, espero que su irresponsabilidad criminal termine a no mucho tardar entre rejas.

Esta pandemia lo ha revuelto todo. Obligados a reinventarnos en muchas facetas de nuestra vida y circunstancia. Sin embargo, me preocupa la lentitud con la que evolucionan los hacedores de leyes, el código que regula el comportamiento humano durante la pandemia se nos queda insuficiente y el ciudadano tiene la impresión de que vale todo.

Los negacionistas sueltos son peligrosos. Por favor, jueces, amarren a los babayos. La supervivencia lo exige.

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