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Fernando Monreal

“María la acuchilladora”

La mutilación de “La Venus del espejo” a cargo de la sufragista Mary Richardson

–¿Siete cuchilladas, dices –exclamé, asombrado, ante las explicaciones de mi amiga Renata– ¿Pero cómo sucedió

–Fue el día 10 de marzo de 1914; concretamente coincidía que era miércoles y la entrada gratuita, por lo que se supone que habría más gente y podría pasar más desapercibida. Ella se colocó delante…

–Un momento, Renata, ¿a quien te refieres, al decir, ella

–A Mary Richardson, la sufragista canadiense que estaba afiliada al movimiento de Emmeline Pankhurst, el WSPU.

–¡Ah!… ¿la del retrato que vimos en la National Portrait Gallery

–Sí, esa misma; y la de la estatua en el Jardín de la Torre de la Victoria, aquí, en Londres.

–Vale, vale…, ahora me voy centrando…, ¿y dices que fue ella la que dio las cuchilladas a “La Venus del espejo”

–Pues, como te iba diciendo, se colocó delante del cuadro, sacó una pequeña hacha para romper el cristal del cuadro y, posteriormente, con un cuchillo de cocina le dio siete cuchilladas, rasgando el lienzo por la zona de la espalda, fundamentalmente.

–¡Vaya!..., vamos, que se ensañó con el cuadro. ¿De ahí el apodo de “María la acuchilladora”

–Sí, señor. Justamente por este lamentable suceso le pusieron dicho mote.

–¿Y la condenaron por ello

–Seis meses de prisión es lo que se le vino encima. Ya sabes que ella esgrimió la disculpa de que lo hacía como protesta por el arresto, la víspera del suceso, de la señora Pankhurst.

Recordaba haber estado en la sala donde se encuentra “La Venus del espejo”, al menos en tres ocasiones. La última de ellas, por unos minutos pude encontrarme frente a frente con el cuadro, sentado en el banco sin respaldo que se haya ubicado en el centro del recinto, sin que nadie me distrajera ni me impidiera su contemplación. Son de esos momentos únicos que generan un placer especial, de esos que originan un cosquilleo por todo el cuerpo.

–Esta es una de las obras de Velázquez que más admiro –le dije a Renata–; tal vez lo sea por su refinamiento, su elegancia, su sentido estético y su fina y delicada carga erótica.

–Yo también lo encuentro muy hermoso y, además, el cuadro tiene su historia, pues perteneció a la casa de Alba y, posteriormente, el rey Carlos IV “aconsejó” vendérselo a Godoy. Pero, durante la Guerra de la Independencia fue robada por la soldadesca inglesa y enviada a Inglaterra en 1813. De aquí, nunca más ha salido.

–Y, a pesar de todas esas cuchilladas no se nota nada, al menos a simple vista.

–Sí, está muy bien restaurado; de ello se encargó el restaurador jefe de la National Gallery, Helmut Ruhemann.

–En este cuadro siempre me ha llamado la atención que, así como a Cupido, a pesar de la ligera inclinación de la cabeza, lo podemos contemplar con cierta sonrisa hacia Venus, la diosa romana del amor y la belleza se refleja en el espejo de manera borrosa, de tal manera que no podemos apreciar bien sus rasgos.

–Velázquez quiso dejarnos con la duda. Él sabría porqué.

–Es un cuadro de intriga…

–Efectivamente, incluso hay quien dice que puede ser un retrato de una amante que tuvo; pero esto nunca llegaremos a saberlo a ciencia cierta.

La frescura de la tarde iba ganando terreno en el ambiente. Las terrazas iban despejándose de la escasa clientela que por estos días acudían a reunirse con familiares o amigos. Renata recogió sus papeles de la mesa y me comentó que el artículo que pensaba escribir lo titularía, “María la acuchilladora”. Sonreí.

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