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Fernando Canellada

Cuidémonos

El sufrimiento de la hostelería, la hotelería y todo el sector turístico a causa de la pandemia

Una imagen de locales de Benidorm cerrados

Una imagen de locales de Benidorm cerrados

Hace poco más de un año, los hoteles españoles estaban a rebosar. La alarma y la consiguiente salida de cientos de miles de turistas de España provocó uno de los primeros impactos aterradores de lo que se avecinaba. ¿Habremos aprendido alguna cosa del tiempo que hemos pasado confinados?

La pandemia ha certificado, si algún ministro tenía dudas, el papel capital de la industria turística en España. De todo lo que se puede hablar en este aniversario de la declaración del estado de alarma, es del turismo, la hostelería y la hotelería, nuestro corazón económico y paraguas social que, con sus imperfecciones, alimenta las arcas públicas y privadas.

Hay que dar la razón al sociólogo y ensayista Marco d’Eramo cuando afirma que el turismo es la industria más importante del siglo. ¿Tienen alguna duda? La aeronáutica y la automovilística, sin ir más lejos, lo pueden acreditar. Estamos comprobando que resulta fundamental para la economía global. Activa todos los demás sectores. Los datos resultan abrumadores. Está en juego la supervivencia, entre otras, de la economía española. A nadie debe sorprender, por tanto, que el sector turístico mire con preocupación el proceso de vacunación contra el covid-19, vital de cara a salvar el verano. Una hecatombe de no ser así. No solo necesitamos que salga bien, sino creer que todo saldrá bien. Es imprescindible luchar y mantenerse en pie, no tirar la toalla antes de tiempo.

Llegados a este aniversario, después del año que cambió nuestras vidas, cuesta interpretar lo ocurrido y, por momentos, imaginar un futuro esperanzador. Seguimos estupefactos y perplejos. Hemos despertado del sueño de la omnipotencia. La mayoría desea volver a la situación anterior a la pandemia, aunque no fuera ni ideal ni perfecta. Pero, seamos sinceros, hay demasiadas víctimas y no todo va a salir bien.

Durante semanas aplaudimos a las ventanas al personal sanitario y, quizás, un poco a nosotros mismos. Y de nosotros depende que el camino de la pospandemia sea un camino de salud, solidaridad y progreso. Cuidémonos.

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