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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Riopedre, el reo indultado

Esta Semana Santa atípica en que el Ministerio de Justicia dejó sin reos a la Cofradía del Cautivo, Asturias encontró su particular indultado: José Luis Iglesias Riopedre, cuyo calvario judicial llegó a su fin en vísperas del Jueves Santo. El Juzgado de vigilancia penitenciaria, que durante semanas se había lavado las manos como Pilatos y había dejado al anciano exconsejero de Educación entre rejas pese a las lanzadas de costado de evidentes patologías, abrió las puertas de la penitenciaría al reo como quien autoriza el tránsito al purgatorio de la libertad limitada. Puede que el personaje no tenga ganado el cielo, pero merecía esquivar que sus últimos días se consumieran en las calderas de la prisión.

Riopedre, a quien la permanencia en la cárcel se le había endurecido como un empinado Gólgota, ya cargó con suficiente cruz y pagó por el delito que cometió, por mucho que no fuera uno de los que trincó, a la manera de Judas, más monedas de oro por vender un trozo de la túnica de su compromiso moral y ético como servidor público. Ya no es un peligro social, ya cumplió buena parte de su pena, y no podrá reincidir por cuanto nadie volverá a llamarle ni siquiera para relleno de un cartel electoral. ¿Qué más necesitaba la Fiscalía para no seguir ahondando en la herida?

La Justicia se quitó la venda y puso como requisito para la absolución “humanitaria” que Riopedre pidiera perdón a sus perjudicados, que por razón del cargo político que ocupó lo fueron todos los asturianos. El hombre hizo ánimo contrito a la manera de Dimas, el malhechor bueno, y mostró por escrito público arrepentimiento. Y aquí paz y después gloria, que arrepentidos los quiere el Señor. Aleluya, aleluya.

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