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Fernando Granda

La pandemia origina nuevas tendencias

“Todos ustedes estarán en el paro dentro de poco”, señaló el conferenciante. Era la primera frase que pronunciaba en la presentación de un curso en una escuela de ingeniería de Madrid. El asombro cundía entre los asistentes y para justificar su comienzo el profesor indicó, sin modificar su compostura: “Los algoritmos lo harán, trabajarán por ustedes”. Así será el mundo que se avecina.

Supongo que el cambio no será tan radical como contundente la frase del conferenciante. Que la situación irá evolucionando de forma paulatina aunque sin pausa. Claro que la prisa es una de las constantes de nuestra sociedad, de nuestra vitalidad puntual. Las ciencias han cogido una carrerilla que con la tecnología permite alcanzar una aceleración hasta hace poco no imaginada.

Como consecuencia de la peligrosa pandemia que nos ha traído el covid-19 el mundo parecía paralizado en algunos terrenos y se centraba en investigaciones farmacéuticas y aplicaciones paliativas para librarnos del virus. Por supuesto que este es un objetivo prioritario pero la búsqueda de un antídoto para preservar nuestra salud intenta también encontrar un remedio a la crisis económica sobrevenida por la paralización a que nos obliga la pandemia.

Así, si hace poco hablábamos de la transformación del mundo empresarial y mencionábamos la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad como motores de los cambios que las empresas iban aplicando, van surgiendo teorías que advertirían del problema sobrevenido ante la paralización pandémica y los obligados remedios para salvarla. Representan métodos preventivos para proseguir una evolución que sortee los problemas antes de que estos lleguen.

Para eludir la volatilidad se acude a la resiliencia y la búsqueda de capacitación; para prevenir la incertidumbre se intenta la empatía y la confianza; contra la complejidad se va hacia una visión sistemática que procure la adaptación a las tendencias; para luchar contra lo incomprensible se buscan la intuición, la transparencia y el trabajo colaborativo. La conversión no es fácil, las reformas y los reajustes pueden ser traumáticos.

La coyuntura actual es frágil –brittle, en inglés–, produce ansiedad, no es lineal o recta y es incomprensible en cuanto a la trayectoria por la que discurría el mundo empresarial en medio del cambio. De ahí que se hable de “BANI” como necesaria para complementar a “VICA”, pronto considerada insuficiente. Se estiman suaves o blandas las medidas que se iban aplicando ante la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y ambigüedad con que evolucionaban las empresas.

Además, surgen nuevos planteamientos para conseguir un futuro óptimo: sostenibilidad, impacto ambiental, gestión especializada, economía circular, planeamiento a futuro inmediato y a medio plazo, mercado telemático… La competitividad fija que estos planteamientos son imprescindibles para la supervivencia, aunque la práctica parece dura y difícil. La globalización, la proximidad, la investigación y desarrollo, la sostenibilidad marcan camino.

Al menos esa es la teoría que predican diversas escuelas económicas. La velocidad de la evolución en el mundo actual dirá si esas medidas son aplicables y obtienen resultados beneficiosos. Un suceso reciente, el atasco prolongado por haber encallado en el Canal de Suez un gran barco/contenedor puede dar una idea de lo que realmente representan los nuevos argumentos BANI. Los beneficios y las deficiencias de esas nuevas teorías. Los algoritmos “tienen la palabra”.

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