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JC Herrero

Sendas verdes

Sobre la idoneidad de caminar por la izquierda o la derecha

No se puede justificar el sedentarismo, y sí el senderismo. Los ayuntamientos han puesto a nuestro alcance sendas verdes que son un auténtico lujo. Además de vaticinio saludable, está la recreación de la vista, y un volver que renueva el agradecimiento hacia la comodidad del hogar, toda una bendición tras superar los diez mil preceptivos pasos que los seguros de vida incentivan como el bonus-malus. Entienden las aseguradoras que si caminas tienes expectativa de vida, además de descuento en la póliza. Quienes frecuenten las sendas verdes tendrán en su acervo auténticas experiencias, atropellos de menor cuantía y algún que otro desencuentro entre caminantes, mascotas, bicis y artilugios varios con límite de velocidad adaptándose al paso de los peatones, incluye carrera pedestre y ecuestre. Se busca armonía, no hacer de la senda otro centro urbano.

Convendría al respecto reevaluar cuál es el sentido que deben tomar los senderistas, a saber: ¿caminamos por la izquierda o por la derecha de la vía?

Si tenemos en cuenta el principio aceptado en educación vial, es más seguro caminar por la izquierda en vías interurbanas, por una simple razón: que vemos venir de frente el peligro. Sin embargo, en las rutas hay convicción de usar la derecha, es lo que llamaríamos lateralidad aprehendida. Esta circulación está muy bien para las máquinas, no así para las personas, tengamos en cuenta que hasta las bicis ya van por batería, son vehículos.

Enfilando por la izquierda ves venir la bici, artilugio, e incluso al jinete de bruces, luego no tienes que volver la espalda para evidenciar ruido de cascos, timbres o el clásico –¡Qué voy!– alterándote la presión arterial. Es quien lleva la máquina el que debe amainar y sortear al paso del peatón.

Para esta racionalidad no hace falta ser polímata, como Leibniz. Aplicar la fórmula de energía cinética: si te alcanza un cuerpo de ochenta kilos, in itinere, a una velocidad equis, puedes tener como resultado un impacto corporal arreglándote costillas, tibia y peroné, con lo cual has hecho del paseo un pan como unas tortas, y no paseamos para engordar.

Hay otra obviedad. Si paseas por la derecha y no ves al semoviente que te sigue, basta que estés un poco teniente y te dé por desplazar a la izquierda, o levantar el brazo para indicar a tu acompañante que has visto un pájaro volar, te pueden chafar el garbeo: bien porque quien te está adelantando sin avisar lo hace a una velocidad excesiva, o bien porque tu brazo indicador de pájaros acabe impactando al carrillo del adelantador, suele pasar.

Luego, no está demás que en aquellas sendas donde hayamos “pactado” –por no se sabe qué artículo– que el peatón circule por la derecha, sería aconsejable cambiar el sentido de marcha, en beneficio de la salud de todos los usuarios senderistas. Como diría el recordado policía de “Farmacia de Guardia”: ¡A la izquierda Romerales!

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