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Marta Pisano

Asturianas con ciencia

Marta Pisano

La atención al enfermo crónico

La importancia de capacitar a las personas para gestionar su propia salud

La influencia de mis padres ha sido clara en mi evolución. Un padre con una mente privilegiada, analítica, concienzuda, que trabajó en investigación en el Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (INCAR) y supo transmitirme valores como la humildad, el trabajo bien hecho, la constancia y la eterna búsqueda de respuestas. Y mi madre, la que aportó el corazón, los detalles, el trabajo en equipo, la escucha y el valor por las personas.

Mezcla novel de grandes modelos, nació mi vocación de enfermera, de ayudar a los demás, con sed de conocimiento y el gusanillo de la investigación como instrumento de la mejora continua de la práctica asistencial y de la detección de necesidades, así como de la guía para decisiones estratégicas en la gestión.

La Diplomatura de Enfermería me sirvió como base para seguir mi camino de formación e investigación en la salud comunitaria y en modelos de comportamiento y aprendizaje humanos que me hicieron comprender los mecanismos que ayudan a las personas a alcanzar sus mayores niveles de salud, tanto física como emocional.

Con posterioridad, me doctoré con la tesis “Efectividad de un programa educativo basado en un modelo de Auto-Eficacia en pacientes con Diabetes Mellitus tipo II en Atención Primaria de Salud”. Los resultados obtenidos no fueron los deseados, esperábamos una mejoría significativa en muchos parámetros y no fue posible dado que partíamos de personas con niveles de salud muy buenos, y no cabía mucho margen de mejora.

Este “fracaso”, este resultado no esperado en la investigación, fue la semilla en la que se apoyó la necesidad de buscar a poblaciones más necesitadas, más vulnerables, con peores situaciones clínicas y también socioeconómicas y culturales. Así nació la idea de un proyecto, que presentamos a Europa como coordinadores: EFFICHRONIC.

EFFICHRONIC es un proyecto europeo que, desde 2017, investiga el manejo de las enfermedades crónicas en las poblaciones de mayor riesgo socioeconómico con el objetivo de mejorar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios europeos. El plan es liderado por la Consejería de Salud y el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA) bajo la coordinación técnica de la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica Aplicada y la Tecnología (FICYT), dentro del consorcio formado por la Universidad de Valencia, el Centre Hospitalier Universitaire de Montpellier (Francia), Qismet (Reino Unido), el Erasmus Medical Center (Holanda) y el Ente Ospedaliero Ospedali Galliera (Italia).

El objetivo es evaluar la efectividad de los programas de autogestión de las enfermedades crónicas en los colectivos con condiciones de mayor fragilidad y su impacto en los sistemas sanitarios europeos.

Los pacientes responsables de su cuidado.

Bajo esta premisa, las personas que vivían con condiciones clínicas y entornos más adversos fueron agrupadas en cuatro colectivos que por su situación socioeconómica tienen mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas al no tener acceso adecuado y suficiente o los recursos necesarios para garantizar una buena calidad de vida.

Uno de los grupos de riesgo fue a población gitana, por ser parte de una minoría étnica, lo cual aún implica ciertas desigualdades y obstáculos culturales para acceder a la salud en las mismas condiciones que la mayoría de la población. Si bien viven en algunos casos en entornos más saludables, cerca de la naturaleza y con lazos más estrechos entre los habitantes de sus comunidades, existen dificultades de acceso a la información por las nuevas tecnologías y diferentes roles de género ligados a hábitos de vida.

Otros dos colectivos estudiados fueron personas inmigrantes y personas reclusas. Entre las personas que llegan al país se detecta una mayor predisposición a padecer ansiedad y depresión debido al proceso de adaptación a un nuevo entorno, donde disponen de pocos apoyos en una etapa de la vida donde deben comenzar prácticamente desde cero. Para la población reclusa en unidades terapéuticas el programa es un apoyo hacia nuevos hábitos saludables y la superación de retos personales que podrán aplicar durante el resto de su vida, empezando desde la prisión.

El colectivo de personas mayores participó con una mayor fragilidad clínica, con criterios de vivir en soledad (baja red de apoyo social) y presencia de multimorbilidad.

Previo a la intervención, se crearon mapas de vulnerabilidad en cada zona, además de combinar políticas de salud pública y comunitaria en sus intervenciones en el terreno.

Con sesiones semanales de dos horas y media a lo largo de seis semanas, el programa ha llevado la formación en la autogestión de la salud a cerca de 3.000 personas de cinco países, con un promedio de satisfacción superior a 7 puntos sobre 10 y de hasta 8.3 en Asturias, donde participaron más de 1.000 personas de los cuatro colectivos. Los resultados en el seguimiento de los grupos durante los primeros seis meses señalan mejoras en el ejercicio físico, la reducción del tiempo sedentario, menor consumo de alcohol, una disminución de los síntomas depresivos y mayor calidad de vida.

El nuevo paradigma sanitario es el que pone en el centro a las personas como las gestoras de su cuidado, haciéndolas capaces de asumir pequeños cambios en su día a día, fortaleciendo las relaciones en sus comunidades y tomando el control de su salud. Desde el sistema sanitario, una prioridad debe ser capacitar a las personas para que gestionen su propia salud y dar los conocimientos, las herramientas y el acompañamiento necesario para que esto pueda suceder así.

Fomentar la autonomía, la independencia en la búsqueda de la salud como bienestar, y no sólo como ausencia de enfermedad. Esto no es posible sin un desarrollo personal efectivo en la familia, con el círculo de amigos en tu entorno más cercano de convivencia.

Tras la fase de implementación en los colectivos, el programa cerró en el año 2020, la evaluación de los resultados positivos que confirmaron mejoras en la calidad de vida de los colectivos, satisfacción personal y eficiencia de los recursos. También se ha logrado demostrar eficiencia de la intervención en cuanto a los beneficios económicos y sociales porque se disminuyen los ingresos hospitalarios y las visitas de urgencias, además de mantener la productividad laboral.

Más del 70% de los participantes encuestados realiza al menos una o más actividades diarias para mejorar su salud y cerca del 80% perciben que los problemas de salud ya no controlan su vida. Estamos convencidos de que no es posible llegar a población vulnerable sin el concurso de múltiples sistemas y sectores, en particular del sistema de servicios sociales y del sistema sanitario, pero también otros como el sistema penitenciario, o el educativo.

Los sistemas de atención se han diseñado para esperar a que llegue la gente en lugar de buscarlos de forma proactiva, que es lo que realmente necesitan las poblaciones más vulnerables. Por lo tanto, EFFICHRONIC desea hacer un llamado a los sistemas europeos de atención sanitaria y social para que inicien sus propios viajes y superen sus límites habituales de responsabilidad para llegar a las poblaciones vulnerables con enfermedades crónicas u otras necesidades complejas. El final de nuestro viaje, este momento, es quizás el comienzo de otro, en el que trabajaremos por perpetuar, escalar y mantener este enfoque de atención y de cuidado.

No podría terminar este artículo sin resaltar la función inseparable e ineludible que tenemos las enfermeras en la investigación. Más allá de estar presente en nuestro código deontológico, nuestra formación holística nos otorga una especial capacidad para trabajar coordinadamente en grupos multidisciplinares de intervención y de investigación.

Quiero dar las gracias al equipo de grandes mujeres que me ha acompañado en este viaje: Inés Rey, Raquel Ochoa, Raquel Vázquez y Delia Peñacoba.

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