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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Echarse a llorar

En algunos países existen ya medidores de la Felicidad Nacional Bruta (FNB), concepto que intenta ir más allá del significado del Producto Interior Bruto (PIB), al que abarca o pretende abarcar. Digamos que la FNB es más global puesto que no se reduce únicamente a los aspectos económicos. Si no recuerdo mal, fue en el reino de Bután donde arrancó esta iniciativa. Me parece bien, constituye una forma de progreso para el conocimiento. Dicho esto, me pregunto por qué el Sufrimiento Moral Bruto (SMB) de los ciudadanos de un país no se incluye en el déficit. O en la deuda, no sé, en algún lugar donde se pudiera cuantificar al objeto de ponerle remedio.

Dirán algunos que esa clase de sufrimiento es privativa del individuo y que resulta imposible por lo tanto hallarle cauces institucionales. Es lo mismo que han dicho otros acerca de la Felicidad Nacional Bruta. Pero cuando se sufre moralmente por las desigualdades alucinantes de las sociedades contemporáneas, ese sufrimiento es de carácter político. Debería tener una respuesta política. Se lo digo a mi psicoanalista, que permanece en silencio frente a mi reflexión. Yo me obceco en callar también. Entablamos con frecuencia estas luchas de silencio en las que cada uno intenta adivinar lo que pasa por la cabeza del otro. Al cabo de un par de minutos, se rinde, excepcionalmente, ella.

–Lleva usted razón –dice con un tono en el que me parece advertir un matiz de cansancio.

–¿En qué llevo razón? –pregunto, pues se trata de una afirmación demasiado general. Quizá me está dando la razón para que cambiemos de asunto.

–En que el sufrimiento moral de los contribuyentes podría constituir un apartado de la deuda o el déficit. Tampoco yo sé si son la misma cosa.

Ahora me siento desarmado y me vuelvo a encerrar en el silencio.

–¿Esto era para hablar de sus sufrimientos morales? –pregunta ella al fin.

–Creo que sí –respondo.

–Pues comience.

Entonces es cuando me echo a llorar.

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