Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Saúl Fernández

Crítica / Teatro

Saúl Fernández

Epopeya lisérgica

Cris Puertas cosecha aplausos interpretando los versos de “Aullido”

Hay unas sombras y, de entre las sombras es que sale una mujer vestida de negro (Cris Puertas). Se coloca en la boca del escenario y empieza: “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura; hambrientas, histéricas, desnudas”. Es el comienzo de “Aullido”, el más clásico de los poemas del anticlásico (eso decía) Allen Gingsberg. El poema este ha cumplido ya la edad de la jubilación (es de 1957). Parte de él lo escribió puesto de ácido lisérgico. Fue una epopeya, como las de Homero, pero en la segunda posguerra mundial. Si el griego mencionaba a héroes celestiales en las playas de Troya, el norteamericano se inclina por los suyos, por los colegas, por: Jack Kerouac, William Burroughs, Carl Solomon y tal. Y en vez de Ílion o Ítaca, salen un Baltimore refulgiente o una Newark con una china con síndrome de abstinencia. Y santos. Y ángeles mahometanos. Y el demonio comeniños Moloch.

Todo esto es lo que hubo antes de anoche en el teatro Palacio Valdés, en Avilés, en el estreno del primer espectáculo de la compañía “Teatro a las Puertas”, la compañía de la directora del montaje que también protagoniza. También hubo muchos aplausos, bravos y ovaciones. El teatro se llenó (según el elástico significado de esta palabra en tiempos de pandemia). Se avecinan cambios en la escena asturiana: las producciones patrias se reconectan. Y lo hizo Puertas diciendo los versos y lo hizo el pianista Jacobo de Miguel subrayándolos a cada paso. Tecla a tecla, golpe a golpe. Félix Garma fue la tercera pata de un montaje unívoco, el tío que extrajo de las sombras las lágrimas negras y las carcajadas desencajadas de la actriz encandilada por un poeta que rompió el clasicismo convirtiéndose él mismo en eso no quería ser: un puro arquetipo. Cris Puertas dijo los versos con dramatismo. A veces con mucho.

Compartir el artículo

stats