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Oscar Buznego

El crédito de Pedro Sánchez

El distanciamiento entre el presidente del Gobierno y sus aliados en el Congreso

Bien es sabido que la política española no goza de buena imagen. Los políticos, en general, se han ganado a pulso el reproche y la desconfianza de los ciudadanos que, no obstante, cumplen con sus obligaciones, se comportan de forma responsable y acuden a votar cuando son convocados. Pero el pleno celebrado el miércoles en el Congreso registró una actitud del conjunto de los grupos parlamentarios que supone una novedad en el curso de la actual legislatura digna de consideración. No sorprende el buen discurso de Pablo Casado, lastrado por su excesiva aceleración, ni la gramática tosca empleada por Santiago Abascal, ni la claridad expositiva de Inés Arrimadas, sino el distanciamiento entre el presidente del Gobierno y sus aliados que pusieron de manifiesto casi todos los portavoces en sus intervenciones a propósito de los asuntos más relevantes debatidos en la sesión, el fin del estado de alarma y el plan de recuperación pospandemia.

Después de una gira previa por varias autonomías y distintos foros en los que fue adelantando algunas orientaciones básicas, Pedro Sánchez hizo en la cámara baja la presentación solemne del plan redactado por el gobierno para aprovechar los fondos europeos destinados a estimular las economías más necesitadas de los países de la Unión por los efectos de la pandemia. Dijo, en resumen, que el documento contenía el proyecto de la mayor transformación que habrá vivido España desde nuestra integración en la Comunidad Económica Europea, en 1985. Los adjetivos superlativos que empleó para calificar los retos planteados, los recursos disponibles y las iniciativas del gobierno marcaron el tono general de su discurso, que adornó con una proliferación de los términos de moda en el lenguaje para iniciados de la gestión pública. Señaló hitos y trató de ser persuasivo, como es habitual en él, que lee muy bien los discursos. Pero no debió conseguirlo, pues incluso los grupos parlamentarios más próximos al gobierno transmitieron la sensación de no estar muy convencidos del plan y, tras expresar algunas reservas, prefirieron quedar a la expectativa.

Entre los partidos hay un consenso amplio en torno a la importancia de los fondos para España, pero la gestión que Pedro Sánchez estuvo el miércoles cerca del suspenso. El momento estelar de la sesión se produjo cuando Aitor Esteban, portavoz del PNV, socio distinguido del gobierno, reveló que había accedido al documento la noche anterior a través de un diario madrileño, burlándose así veladamente del espíritu participativo con que había sido redactado el plan, según la versión del presidente del Gobierno. La política de cada día se escribe en prosa. Pedro Sánchez pareció levitar con su discurso y los portavoces intentaron sin éxito que descendiera a la realidad. Le describieron detalladamente la situación, los problemas, los asuntos pendientes, pero no obtuvieron respuesta. Asistiendo al debate, uno tenía la impresión de que Pedro Sánchez iba por un lado y todos los demás, excepto Unidas Podemos, por otro.

El relato del presidente descansa en la idea de que España, llevada de la mano por el gobierno, está haciendo historia y consiguiendo logros inéditos. En la opinión pública, sin embargo, el país empieza a ser visto como una casa desordenada. La crispación no cesa, las autonomías reclaman una legislación contra la pandemia y cuestionan la gobernanza, Cataluña sigue sin presidente y sin solución, el gobierno no acaba de pronunciarse sobre la reforma laboral, los impuestos y las pensiones, y las asociaciones de jueces denuncian ante la Comisión Europea, repárese bien en lo que significa esto, una “situación de riesgo claro de violación grave del Estado de Derecho en España”.

Crecen las dudas en torno al presidente del Gobierno, sus objetivos, su estilo y la sustancia de su política. La observación de que se dedica a hacer castillos en el aire y envolver vistosamente cajas vacías es cada vez más compartida. Habrá que prestar mucha atención a la evaluación del plan que ahora va a hacer la Comisión Europea. Mientras, Pedro Sánchez permanece encerrado en Moncloa con su gabinete, algo más aislado de la realidad y de sus socios parlamentarios. Y, a pesar de la consistencia de los bloques y de que aún son pocos los votantes decididos a cruzar las líneas que los dividen, el panorama político del país está cambiando.

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