Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pedro de Silva

Dos modelos, y aquel es el que dura

Construir un símbolo es imposible: o se hace solo o no llega a serlo. Por lo mismo, es inimitable. Imaginar que pueda haber en otro país una monarquía de naturaleza esencialmente simbólica como la británica es una tontería. Algo así solo se da en pueblos en los que exista un culto a la tradición, aunque solo sea en sus formas, porque las formas son las que al final hacen que la sustancia de algo sea algo. Las formas son, a la vez, un medio de comunicación. Por ejemplo, las del funeral de Felipe de Edimburgo en el Castillo de Windsor han sido un prodigio de minimalismo, pero también de expresividad sobre el sentido de las distancias, indispensables para convocar el símbolo. En España la monarquía nunca se ha sentido lo suficientemente fuerte como para limitarse a un rol simbólico, como si hubiera pensado siempre que eso no bastaba. En España el toreo más venerado es el del que se arrima.

Compartir el artículo

stats