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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Asturianos, a soplar

El paraíso natural va camino de convertirse en La Mancha del siglo de las energías limpias y renovables: un secarral inundado de molinos de viento desplegados por sierras y cordales en irregular alineación, de frecuencia persistente. Con una salvedad ni mucho menos nimia: los artilugios manchegos, centenarios, se convirtieron en materia literaria merced al ingenio sublime de Cervantes, mientras que los actuales de extendidas palas metálicas no durarán más de tres décadas y dejarán Asturias convertida en un vertedero de chatarra inservible. Aquí somos así de quijotes. Qué mejor nos iba, amigo Sancho, cuando los Reyes Magos nos dejaban, para alimentar las cocinas y el brasero, sacos y sacos de carbón.

Cada semana se anuncian nuevas inversiones en parques eólicos, cada vez más millonarias y con torres más elevadas para domeñar el viento. De persistir esta fiebre del oro aéreo, no habrá municipio rural de esta región que no pierda su horizonte en aras de la recién bendecida verticalidad. Disparan por elevación.

En vista de la proliferación de parques eólicos ¿habrá viento para alimentar a tanto gigante? No se apuren, que en Asturias alguien patentará una nueva manera de soplar, que nada tendrá que ver con beber sidra asgaya: un millón de asturianos hinchando los pulmones e inflando los mofletes para provocar al unísono un nordeste oxigenado.

¿De qué sirve una energía que cuando la necesitas no la tienes y cuando no la necesitas te la hacen pagar a precio de caviar aunque no la consumas? Energías limpias como la patena disfrazan las oscuridades de un sistema energético que en este país beneficia claramente al reparto de dividendos de las compañías eléctricas y perjudica a las familias, que sufren como un calambrazo el incremento de la factura de luz.

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