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El Club de los Viernes

Que no caiga España

Los fallos estructurales del país

Cualquier persona, por caída que se encuentre, puede levantarse; pero también caer, por alta que parezca. Desde 1990, la ONU publica una clasificación de los países según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en base a una serie de parámetros como son: la esperanza de vida, la alfabetización, el acceso a la educación o la renta per cápita, entre otros muchos. Siempre España se encuentra entre los mejores países del mundo para vivir (16.º en 1990 y 25.º en 2020). Y es importante que esto lo tengamos claro cuando, por la batalla política diaria, pareciera que estuviéramos dispuestos a tirar por la borda todo lo alcanzado.

La crisis generada por el covid-19 ha puesto de manifiesto muchos de los fallos estructurales de nuestro país, que en ocasiones han sido amplificados por las autonomías, que han provocado un crecimiento irracional del sector público, han deteriorado la unidad de mercado, han multiplicado la complejidad administrativa, han generado desigualdades entre españoles o incluso han contribuido a la perdida de calidad de nuestro sistema educativo.

Esto provoca que España sea un país con muchísima regulación, que mantiene un gasto excesivo sustentado sobre unos impuestos cada vez más altos. Y todas esas decisiones (regulación, impuestos y gastos) son de carácter político.

Y digo –recalco– que el problema económico de España es político porque no hay ninguna razón para que nuestro país retroceda económicamente, disminuya la calidad de vida de sus ciudadanos o nos acostumbremos a vivir con unas tasas de paro insoportables, sobre todo para las personas que no tienen trabajo.

España necesita un cambio de rumbo porque solamente con retoques –como hasta ahora– es imposible mantener el nivel de vida alcanzado en nuestro país (educación, sanidad, pensiones...). Pero para ello hace falta un liderazgo claro hacia la reducción del gasto, la facilitación del emprendimiento y del desarrollo empresarial y la reducción de impuestos; buscando mantener el bienestar social pero incentivando la responsabilidad personal.

La dificultad para poder solucionar lo que en España ya todos saben que no funciona se encuentra en el que puede que sea uno de los principales problemas patrios desde 1978: la búsqueda permanente del consenso.

Margaret Thatcher, de la que se han cumplido recientemente 8 años de su fallecimiento, lo resumía así:

“El consenso, ese proceso por el que se abandonan todas los principios, creencias, valores y políticas en busca de algo en lo que nadie cree, pero a lo que nadie se opone; el proceso de sortear los problemas que deben ser resueltos simplemente porque no se puede alcanzar un acuerdo sobre el camino por seguir”.

Y puntualizaba: “El consenso es la ausencia de liderazgo”.

Es importante entonces que, ante la ausencia de liderazgo, la sociedad reaccione para evitar que España caiga.

Y así, tal día como hoy, hace seis años, nos reuníamos por primera vez como Club de los Viernes, cuatro personas, casi recién conocidos, pero con una convicción común: la defensa de la convivencia, la pluralidad, el progreso y los derechos civiles frente al peligro de la omnipresencia colectivista del estado. Hoy somos ya miles de personas repartidas por todo el mundo, con presencia mayoritaria en el área de influencia hispana: México, Colombia, Uruguay, Chile, Argentina y también, con muchas dificultades pero activos, en Venezuela, donde saben bien que por muy altos que estemos siempre podemos caer.

¿Cómo pasó Venezuela del puesto 42.º al 113.º en el IDH?

En El Club de los Viernes (España) lo tenemos claro, por eso, frente a los que prometen que nos ayudarán a levantarnos, estaremos siempre con los que ya están arrimando el hombro para evitar que nos caigamos.

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