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Teresa Mallada

No tropezar en la misma piedra

Los fondos europeos como una oportunidad de futuro para la comarca

Las estadísticas no mienten. Las cuencas min-eras del Caudal y del Nalón siguen encabezando año a año la pérdida de población en Asturias. Hace veinte años, sus concejos cabecera, Mieres y Langreo superaban los 50.000 habitantes, hoy apenas llegan a los 40.000.

La razón para esta fuga solo es una: los jóvenes de estas comarcas se ven obligados a buscar su futuro en el centro de la región o más allá de El Negrón.

La falta de trabajo y de perspectivas vitales, está provocando una sangría demográfica, que de no revertirse, pondrá la puntilla a unas comarcas que hace un siglo fueron el motor industrial de nuestra región y atrajeron a cientos de trabajadores de toda España y de otros países de Europa.

Cuando en 2018 se cerraron prácticamente todas las minas de carbón, cientos de millones ya habían sido invertidos en estas cuencas, a través de los fondos mineros, para su reconversión. El problema no fue escasez de fondos, sino una gestión errónea del dinero por parte de los sucesivos gobiernos socialistas.

Hoy muchos de esos millones están enterrados en el cemento de hasta una docena de centros de interpretación o museos cerrados a cal y canto. Y aunque hay ejemplos, escasos, de buena gestión; lo cierto es que una generación entera, que vivió bien de las prejubilaciones de sus padres y abuelos, se siente ahora huérfana de referentes laborales y de oportunidades.

No hay fórmula mágica para revertir esta situación, pero sí hay políticas a aplicar para corregir el rumbo y dar un futuro a las cuencas.

Lo primero, no volver a tropezar en la misma piedra. Apostar por el turismo, sí; pero aprovechando los recursos que ya tenemos y evitando caer en la tentación de inaugurar edificios vacíos de contenido. Muy al contrario, se debe aprovechar el enorme patrimonio industrial que atesoran estos valles y la espectacular riqueza natural que les rodea; sin fiar el futuro laboral únicamente a los sectores turísticos y de servicios.

Hay ejemplos claros de que en este sector, solo es cuestión de voluntad política: ahí tenemos el embalse de Tanes, que a día a de hoy, sigue siendo una oportunidad perdida.

Pero como el turismo no debe ser el monocultivo de Asturias, es imprescindible mantener el tejido productivo que ya existe en estas comarcas y ayudarlo a crecer. No podemos tener polígonos industriales infrautilizados simplemente por el hecho de que falten servicios tan básicos como el acceso a internet.

También deben buscarse nuevos nichos laborales conjugando formación y oferta laboral y haciendo una apuesta clara por la innovación.

Ahora tenemos una nueva oportunidad con la llegada de los Fondos Europeos. Si el acento se va a poner en la transición ecológica, sería de justicia que las comarcas mineras fueran las grandes beneficiadas de estos fondos. Por ahora, la central de Lada ha cerrado sin un proyecto alternativo para mantener el empleo.

Asturias y las comarcas mineras exigen que el Gobierno de Asturias tome las riendas, establezca una estrategia y unos objetivos realistas.

No podemos permitirnos perder este tren porque quizás sea el último que pase.

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