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Jorge J. Fernández Sangrador

La Modernidad pendiente

El papel de la Iglesia católica en el trabajo del Gobierno de España

Son de agradecer las palabras que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, dirigió por carta a los salesianos de Angola, con los que compartió algunos momentos de su viaje a ese país hace unos días: «Tener la oportunidad de visitar la obra social de los salesianos en Angola es una lección de vida. Su entrega a los demás, tanto en España como fuera de nuestro territorio, es ejemplar. En este barrio de Luanda cumplís con diligencia y perseverancia el mandato del fundador, san Juan Bosco: llevar la educación a los niños y niñas para construir un futuro de esperanza».

Sánchez no ahorra alabanzas: «Os felicito por la excelente labor que estáis realizando con la formación de miles de niñas y niños angoleños y de jóvenes en riesgo de exclusión social. Os felicito por vuestro incansable trabajo para atender las necesidades de los más vulnerables».

Y concluye: «Como presidente del Gobierno, siento un profundo orgullo. Os animo a que sigáis haciéndolo con esa generosidad que os caracteriza y a que la incrementéis, como siempre habéis hecho, en la medida de lo posible».

«Un profundo orgullo». Ahí queda eso. Ahora, la ministra de Derechos Sociales y Agenda de 2030, Ione Belarra, ya puede saber por boca de un testigo directo, el presidente del Gobierno, lo importante y abnegada que es la obra social de la Iglesia con los menores, los vulnerables y los excluidos. En todo el mundo. Son de agradecer también las palabras de José Manuel Rodríguez Uribes, ministro de Cultura, tras la visita a la Universidad Católica “San Antonio” de Murcia (UCAM), que se resumen en esta incontenida manifestación de admiración: «La UCAM es un ejemplo a seguir».

Y lo dice el que es no sólo ministro, sino también secretario de Laicidad del PSOE, quien, en una carta reciente a las ejecutivas provinciales del partido, les recordó cuál es la hoja de ruta en lo referente a la aplicación de políticas para la implantación de la plena laicidad, la autonomía moral, la dignidad personal, la amistad cívica, el respeto mutuo y la convivencia en paz.

Es de suponer que Uribes, que prodigó los elogios hacia la Universidad “San Antonio” durante un acto de presentación de deportistas de élite, conozca los objetivos que persigue el centro académico con el que se mostró tan entusiasmado: «Garantizar de una forma institucional la presencia de cristianos con vocación docente y evangelizadora en el mundo universitario, científico y cultural de nuestro tiempo, con el deseo de proporcionar un instrumento válido que dé respuesta desde la fe a los grandes problemas e interrogantes de la sociedad contemporánea, de profundo arraigo cristiano y contribuyendo con ello al desarrollo y progreso cultural, social y humano de la misma». Son palabras de José Luis Mendoza Pérez, presidente de la Fundación Universitaria “San Antonio”.

Sentirse respaldado y ser ensalzado por un ministro que dice estar comprometido con las causas del progreso, la libertad, la igualdad y la laicidad es como para dar saltos de alegría, porque ello significa que una Universidad católica puede llegar a ser el espejo en el que se miren otras instituciones afines que trabajen también, como lo están haciendo las de la Iglesia, en el proceso que conduzca a la culminación de ese proceso que, en la carta que les escribió a las ejecutivas provinciales del PSOE, el ministro de Cultura y Deporte denomina de «la Modernidad pendiente».

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