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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Una vacuna contra el odio

Somos recolectores sedentarios y pastores desde el Neolítico, pero antes fuimos cazadores y ese ejercicio primigenio, que se mantiene en el sustrato más profundo de la humanidad, de vez en cuando aflora con terrible virulencia. Solo hace falta una estaca, un arco y una flecha o una carabina y recechar al aguardo en espera de que algún conejo asome las orejas por el hueco de la madriguera. No es un cuento: lo estamos viviendo, está pasando. La historia se acaba y se cierra el círculo: retornamos sin remedio al Paleolítico.

El tablero político madrileño se aviene a ejemplarizar ese desaforado ánimo cazador, el intento irrenunciable de ganar votos a costa del derribo de la mayor pieza. Por obtener el mayor trofeo, los contendientes han claudicado del sano ejercicio de la palabra y optado por el ruido gutural que alienta el rugir de la jauría. Los debates acaban de manera abrupta o se suspenden porque el arma de la serena confrontación no deja heridas profundas en el rival, al que es preciso acallar con munición de postas. 

El humo de la pólvora está envenenando la convivencia. En vez de lugares adonde ir a votar, parece que los colegios electorales se han convertido en oficinas de alistamiento. La moderna guerra de trincheras se libra en las redes sociales, campo de batalla virtual de víctimas civiles.

Y la sociedad dormita en el hastío, narcotizada y exhausta, en lugar de rebelarse contra una peligrosa polarización bien orquestada que el PP alentó con el surgimiento de Podemos para meterle los perros en danza al PSOE, y los socialistas respondieron después jaleando a Vox para desangrar a los populares. El ciudadano se desentiende porque la ira política se ha extendido desde el Parlamento a la calle y llama ya a las puertas de las familias. Y para la mayoría es menos dañino el silencio que ver cómo supuran viejas cicatrices.

Va siendo hora de invertir en una vacuna que inmunice contra el odio, virus devastador cuando encuentra acomodo en sociedades escasas de defensas democráticas.

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