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Carmen Pérez Novo

La decadencia del terreno afectivo

La educación emocional, una tarea pendiente

Hace unos días se publicaban unos inquietantes estudios que hacían referencia a la gran incidencia de rupturas de pareja que tienen lugar en nuestro país. ¿Tan compleja resulta la convivencia? ¿O es que la pareja moderna se ha convertido en una unión tan superficial y limpia de contenido que no va más allá del plano físico?

Dicen los psiquiatras que para convivir, para formar una familia, hace falta respeto, afecto, proyecto de vida, comprensión y compenetración profunda. O sea, amor compartido. Y comprometido. Y que la pareja que ponga todo esto en práctica, mantiene lazos de comunicación fluidos, resuelve más problemas de los que plantea, favorece la instalación en la realidad y ayuda a que cada uno consiga sus metas personales ¡Complicado cóctel, sí señor!, porque nuestra sociedad ha glorificado tanto las medidas personales –permisividad y hedonismo– que ha llevado a la quiebra a todas las metas compartidas. Y no debemos olvidar que el amor es entrega y que en él no hay lugar para el egoísmo.

Por eso, insisten que, para intentar que estos asuntos funcionen mejor y se pueda disfrutar de un adecuado entorno afectivo, es preciso poner la atención en el mundo de los sentimientos. O sea, tener una buena inteligencia emocional desde los primeros años de la vida ¿Que todo esto son antiguallas románticas y que la oferta educativa debe estar centrada, fundamentalmente, en conocimientos históricos, técnicos, para alcanzar un buen status, ganar dinero y rodearte de un sinfín de bienes materiales?

Pues así nos van las cosas. Porque, sin duda, hemos avanzado bastante en el campo de la razón, pero dejado a un lado el terreno afectivo. De hecho, vemos a muchas personas, teóricamente bien educadas, con buen nivel de vida y excelente trabajo, que acaban en una ruptura traumática de su vida familiar; o sea, con éxito profesional, pero que se empantanan en la vida privada. Y eso les conduce a una existencia infeliz. En “El arte de amar”, Erich Fromm dice que hombres y mujeres saben que se volverían locos si no pudieran liberarse de la prisión de la soledad y unirse, de alguna forma, a otro ser humano. Pero, ¿y la tortura en que puede convertirse una unión desacertada?

De todas formas, no hay que perder la esperanza, ya que todo lo relacionado con el mundo de los sentimientos es un territorio que se empieza a cuidar en los últimos tiempos.

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