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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La navaja de Maroto es la de Ockam

El remitente de la carta con una navaja para Maroto es un hombre que padece una enfermedad mental

El remitente de la carta con una navaja para Maroto es un hombre que padece una enfermedad mental EFE

Las amenazas que enturbian la campaña madrileña alcanzan a la ministra Maroto, a quien supuestamente iba dirigida la entrega de una navaja ensangrentada. Después de las balas para Iglesias, Marlaska y la directora general de la Guardia Civil, llega la hora negra de afilar el arma blanca. El asunto se va pareciendo a una precuela cañí de “El Padrino”. Cualquier día filtra Iván Redondo que los escoltas hallaron la cabeza de un caballo degollado bajo las sábanas de Pedro Sánchez.

Hubo un fraile franciscano y filósofo escolástico medieval que ideó un razonamiento, “la navaja de Ockam”, según el cual “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Según esta forma de razonar, cuando dos teorías en igualdad de condiciones acarrean las mismas consecuencias, la más simple tiene más probabilidades de ser la correcta que la compleja.​

Lo más razonable es convenir que estos lamentables casos recientes de amenazas epistolares con mensaje tremebundo son obra de un descerebrado –o varios– y no corresponden a conspiraciones de uno u otro extremo, por mucho que tirios y troyanos pretendan obtener ganancia electoral de balazos y cruz de navajeo. La estupidez de un energúmeno –o varios en sintonía– puede acarrear que alguna mente calenturienta cavile la posibilidad de jalear la amenaza del fascismo para convertir el 4 de mayo madrileño en un 11M de infausto recuerdo con ánimo de provocar el “sorpasso” de la izquierda. O puede que la derecha más extrema busque pescar en este río revuelto de ver quien alza más la voz y medir la más larga.

Lo que corresponde es dejar trabajar a la Policía científica y que el autor o autores de las amenazas pasen un tiempo a la sombra. Por imbéciles.

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