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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La burbuja eléctrica

El precio de la luz se dispara este abril hasta la mayor carestía de la historia en un mes templado donde las calefacciones ya calientan al mínimo y aún no sopla a pleno rendimiento el aparato del aire acondicionado. O sea, que no se dan causas objetivas para una subida tarifaria a cuenta de un incremento excesivo de la demanda. Resulta difícilmente justificable que cueste más la energía eléctrica hoy, en plena primavera, que en enero, cuando “Filomena” congeló al país y puso a hervir las calderas, provocando un inusitado consumo domiciliario.

Existe sin embargo una razón gaseosa e incolora que provoca el monumental subidón de este mes (del 368 por ciento respecto a abril del pasado año, cuando el confinamiento causó una fuerte caída de la factura), a juicio de los expertos: el coste del CO2, que acaba de alcanzar el récord histórico de 44 euros por tonelada.

Ya saben que se castigan las emisiones contaminantes de las empresas a la atmósfera, de manera que los propietarios de las grandes fábricas tienen que pagar por los derechos de emisión de gases de efecto invernadero, que es la manera de forzarles a producir energías limpias. Sobre el papel, todo muy saludable y muy ecológico, pero el mercadeo del CO2 está provocando una burbuja que deja tiritando a la del ladrillo. Grandes inversores están especulando con esos derechos, comprándolos a un precio y acaparando para provocar su encarecimiento. Y consiguiendo pingües beneficios a costa de provocar graves fluctuaciones en el mercado eléctrico mayorista que no solo afectan a las empresas sino también a las familias.

Basta con echar un ojo a los resultados de determinados inversores en las páginas de los diarios de color salmón, que acabarán tintadas con el tono oscuro de la trufa negra o el caviar.

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