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Competitividad

Deuda envenenada

La frágil posición de España, en manos de entidades extranjeras

La deuda total de España supera los tres billones de euros por primera vez en la historia y así está repartida. El débito de la economía de empresas y hogares sube a los 1,7 billones. El endeudamiento público bate récord y alcanza los 1.370.000 millones de euros, equivalente al 122% del PIB, lo que representa un aumento de 160.000 millones de euros en un año, sin incluir los pasivos financieros en circulación. La mayor deuda se concentra en la Administración central y Cataluña se mantiene como la región más endeudada con unos 80.000 millones, siendo superada por la Comunidad Valenciana en deuda per cápita. La deuda en 1980 se situaba en solamente 16.000 millones. El adeudo público llevaba una década en el entorno del 100% del PIB, después de que Zapatero la relanzara desde el 39% en 2008, cuando arrancó la anterior crisis. Las emisiones de títulos que prometen un pago para el año 2021 será de nuevo récord: 290.000 millones de euros de deuda bruta, con una previsión puramente optimista de 100.000 millones de deuda neta. La cartera de descubierto con el BCE superará los quinientos mil millones a fin de año. Estos números son terroríficos pues perpetúan recortes y altos impuestos. Aunque la deuda no es cosa exclusiva de España. El infernal dominó de la deuda global pone en jaque la economía mundial y especialmente a las economías débiles con abundantes entronques en el intervencionismo estatal como la española.

El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) – principal “lobby” de la banca internacional – ha publicado que la inmensa deuda mundial de 250 billones de dólares (unos 220 billones de euros), y teniendo en cuenta que el PIB Mundial es de alrededor de 130 billones de dólares, la deuda está cerca de duplicarlo. Más de un tercio de las economías avanzadas deben, como poco, el equivalente al 80% del tamaño de su economía. Y eso es tanto como tres veces más de los que suponía la deuda que acumulaban hace 20 años. Dos tercios de la deuda global está concentrada en países desarrollados, siendo la economía japonesa la más endeudada (520% PIB: 300% publica y 220% privada), seguido de USA (255% PIB: 107% la pública y 148% privada) y China (240% PIB: 90% pública y 150% privada). No obstante estos países poseen una particularidad favorable: su deuda externa es baja o incluso son acreedores netos, como Alemania, Holanda y Japón. China es el mayor tenedor de deuda americana. En España hay motivos para la preocupación. Sobre todo sabiendo que se está en el saco de los países más frágiles por el flanco de la deuda, ya que la mayoría de ella está contraída con entidades extranjeras. Los desequilibrios entre deudores y acreedores son grandes y cronifican una situación deficitaria como la española con un 85% de exposición. Los bancos centrales, con la pretensión de alentar el crecimiento, están permitiendo a los Gobiernos alimentar la burbuja del gasto público. Dejando los tipos en mínimos históricos, promoviendo la histeria del gasto. El crédito, ya se sabe, es adictivo: una causa de la oferta monetaria que, en cuanto se contrae, provoca crisis.

El FMI advierte de la grave situación de la velocidad de endeudamiento y de las altas cargas de préstamos del país, situación vulnerable a un endurecimiento repentino de las condiciones financieras. España, además incluye actores interiores muy negativos que hacen más crítica la situación. Un paro estructural bastante por encima de la media de la UE que está repuntado otra vez. Un coste energético más elevado que la de nuestros competidores, una situación de inestabilidad política, un gasto público que no hace más que “progresar”. ¿Qué pasaría si hubiera escasez de oferta de crédito o exceso de demanda de deuda? Pues que se tensarían los préstamos y subirían los intereses. El FMI ha dejado constancia de que los países deberán reestructurar sus deudas con prestamistas no tradicionales. Una forma sutil de indicar que el BCE ya está agotado y que habrá que acudir – más pronto que tarde - al mercado de intercambios financieros.

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